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Y ahí sabré que es el amor y, a la vez sabré, que el amor es él.

+ ¿Crees que el dinero lo compra todo?
- Dado que, soy millonaria, no puedo negarte que cuando posees una gran cantidad de dinero, tu felicidad es mayor.
+ No entiendo como puedes ser tan superficial. No me creo que pienses que el dinero lo compra todo; incluso la felicidad. 
- Claro que no, pero es mucho más fácil vivir en el mundo superficial que en el real. En el superficial no te hacen daño y en el real es un continuo caerte y levantar, luchar sin conseguir nada, abandonar, rendirse, decaer. En el real te hacen heridas que nunca llegan a cicatrizar del todo, desaparecen personas y todo es mucho más difícil que una cara bonita y un par de billetes en el bolsillo.
+ Pero, ¿tiene algo que ver con los hombres? 
- Yo soy como una tortuga que se esconde es su caparazón. Un caparazón que la hace fuerte. Un caparazón que la hace invencible, intocable. Un caparazón que consiste en llevar siempre una sonrisa como máscara y aparentar felicidad. Esa felicidad, que decimos que el dinero la compra.
+ Pero así nunca encontrarás al amor de tu vida. Nunca nadie se puede enamorar de una persona tan fría que cree que el dinero lo es todo.
- Tú, eres como todos los demás. No miras más allá de mi caparazón, sino lo entenderías. Y tranquila, sí lo encontraré. O mejor dicho, él me encontrará a mí. Será él quien vea más allá de mi caparazón. Mirará mi interior. Me valorará por lo que soy y no por lo que tengo. Me querrá por encima de todos y todo; hasta de la fama y la fortuna. Sabré que no miente, que su mirada no esconde mentiras. Que sus labios, no besan a otros. Que sus manos estan reservadas para acariciar mi pelo en las mañanas de otoño. Que sus brazos, sólo desean rodearme a mí todos los fríos y delicados inviernos. Que cada noche pide un deseo a esa brillante estrella fugaz y ese deseo soy yo. Que las madrugadas en que se desvela no cuenta ovejas sino que cuenta cada lunar que mi piel tiene. Que cree que mis imperfecciones son, absolutamente perfectas por que forman parte de mi. Que me ama, que me quiere, que me valora y que todo esto, es independiente a la fortuna que yo tenga o deje de tener. Y ahí sabré que es el amor y, a la vez sabré, que el amor es él. 
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No estás aún. Pero sé que el día menos esperado... 

aparecerás. 


Anda, anda, anda. Deja eso donde estaba que con los sentimientos no se juega.

Joder, ¿otra vez tú por aquí? Ya te avisé que salieras de mis pensamientos. Que salieras por donde habías entrado, dejando las cosas en su sitio; ya que mi cabeza era un caos no quería que mi corazón también lo fuera. Y nunca me haces caso, aun que eso de llevarme la contraria es una de tus peculiares manías. Pero, ahora, la contraria me la llevo hasta yo. El secreto estaba en pensar que nunca habías existido y al final te acabé haciendo cliente habitual, tanto de mis pensamientos como de mis sueños. Ya no sirve el querer olvidar por que sé que no quiero. No quiero olvidarte, no quiero olvidar(nos). 

Aun que, a veces, me hayas dolido muchas otras me has amado. O tal vez, es lo que he querido creer siempre. 

El querer(te) no era un juego. Y tu mismo me has dicho, que no podías imaginar que yo te quisiera tanto. Por fin me crees y sabes que tenía razón cuando discutiamos para saber quien quería más a quién. Y jugaste jugamos. En esto de la suerte y el azar ya estoy acostumbrada a perder y, ¿qué esperabas de esta pequeña niña con ojitos tristes? Otra derrota.  Ay. Principios pequeños con grandes finales. Un final para recordar, ¿no te parece? 

Me hubiera gustado poder cumplir (aun que, sólo fuera una) de nuestras promesas. 

Esto parece una tortilla, de las vueltas que está dando. Al final, se nos va a quemar y la tendremos que tirar. Como hiciste tu conmigo. Fuí tu juguete preferido, ahora ya roto. Y como no, me tiraste. Los trapos sucios a la basura. ¿Y dónde quedó mi amor? Junto a mi.

Cuando quiero, no puedo. Cuando no quiero, puedo. Y otras absurdeces que tiene esta (puta y muy dura) vida. Pero, al menos, una vida real y vivida con intensidad. Por que esto es amor derramado por las esquinas y odio en alguna que otra mirada. Aruñazos en el corazón y quién sabe si en las muñecas. 

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Un corazón destruído. Pero, eh, tranquilo, que ya estamos en obras. Pronto volveremos a la lucha y con más fuerza que nunca, a ver si está vez, también acaba ganando el corazón o, por primera vez, gana la cabeza. No soy de promesas, pero esta vez hago una excepción, sólo por que eres tu, que quede claro.
 Te prometo que si me dejas intentaré hacerte feliz.

Un tonto corazón vuelve a las andadas. 

Lléname.

Mi voz pidiendo a gritos que alguien llene mi vacío. Que estoy más vacía que la botella de ese borracho que pide en la boca del metro. Más vacía que el corazón de los asesinos que matan a gente, sin compasión ninguna. Más vacía que todo, más vacía que nada. Lléname; lléname de sentimientos, por favor. Que el no sentir nada, es insoportable. Y me pregunto: ¿qué es mejor el sentir dolor o el no sentir nada? No hace mucho hubiera dicho que es mejor el no sentir nada. Pero aquí estoy, escribiendo algo que no tiene ni pies ni cabeza (como mi vida) y no sintiendo nada. En mi interior, vacío. Sólo vacío. Precipicios; abismos. Al menos si siento dolor puedo escribir, puedo plasmarlo en un papel y si luego quiero, quemarlo. O romperlo. O simplemente, guardarlo. O publicarlo aquí. A veces, pienso que no me podéis llegar a entender. Ni si quiera haceros a la idea de lo que siento; ya que no siento nada. Ya ni soy feliz en mis sueños, ahora son pesadillas. Tan sólo reflejan mis miedos. Ya nada tiene sentido. Y de verdad pienso, si esto vale la pena. Ya estoy harta de dar tumbos por las calles sin un rumbo fijo, sin que nadie me espere. No, definitivamente, todo carece de sentido. Ya nada lo tiene. Todo ha perdido su signifcado al estar sola. Yo, mi bolígrafo, mi papel y poco más. Una cárcel sin rejas y una rutina que me mata; como el peor de mis enemigos, me mata. Primero sientes una presión en el pecho y poco después, un terrible dolor de cabeza. Suavemente, aparecen las ganas de llorar. Y quieres gritar, pero no te sale voz; aun que, tampoco sirve de mucho, ya que nadie te escucha. Coges lo primero que tus manos pueden llegar a alcanzar y cuando estás a punto de lanzarlo contra el suelo; te detienes. Y te dices a ti misma: eh, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir. Y tu mano, lentamente, se abre. Y deja caer ya sea un objeto, tu bolígrafo, tu folio arrugado y empapado de lágrimas o tu corazón. Que más da, por una cicatriz más, no le va a pasar nada. Te apoyas en la pared; sin consuelo, hasta que poco a poco te deslizas y te detienes al estar sentada en el suelo, con los ojos empapados, las manos tapándote los oídos y la cabeza apoyada en las piernas. Con el pelo alborotado y el poco rímel que llevabas; corrido. Pero ya nada importa. Le sumo estas lágrima al contador de mis tristezas y nadie se dará cuenta de que yo por dentro, muero. Me asfixio, suavemente, hasta quedarme sin aire. Sin poder huir ni fugarme. No puedo. Lléname; lléname de sentimientos, por favor. Que esto de estar vacía, no está hecha para gente frágil; como yo.
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No te lo puedo decir más claro y ya, ni si quiera puedo decirtelo más fuerte, dado que, no tengo voz. He estado gritando en mi cabeza su nombre durante tanto tiempo que me he quedado afónica temporalmente. O eso espero. Quiero que la lluvia me moje, en vez de que sean mis lágrimas las que no paren de empaparme. Pero estamos en tiempos de sequía, que suerte la mía.

Eso sería morir aún estando viva.

Quizá no sea tiempo de hablar de nuestras promesas. Quizá no tengamos razón por la cual luchar. Yo, por ejemplo, ya no la tengo. Ya no me sirves tu, ni tu sonrisa, ni las tonterías que me decías para hacerme reír, ni si quiera la Navidad, que ya sabes que me encanta. Tampoco me sirve el vivir. Lucho para vivir feliz; pensaba. Pero, es que ahora, el simple vivir me duele. Son como pequeños cristales que se me clavan. Demasiadas cicatrices para tan poca piel. Ya no me sirve el quererte. ¿Para qué quererte? ¿Para que tu también me duelas? Yo no quiero a medias, ya lo sabes. Yo si quiero lo hago en cuerpo, alma y con los cinco sentidos. Quiero hasta que duela. Y aún doliendo, a veces, sigo queriendo. No conozco los límites hasta que estos mismos me tiran al suelo y me impiden querer. Si quiero más, muero. Y no te creas, que yo daría la vida por tí, pero ¿en serio crees merecer esto? Otra ya te habría dado puerta. Quizá sea hora de pasar página. O directamente, cambiar de libro. No quiero que haya ninguna posibilidad de que tu personaje, por cosa del destino, vuelva a escribirse en cualquier otro capítulo de mi vida; la misma que tu me destrozas día a día. Ya estoy harta de que cada vez que aparezcas por cualquier esquina, las lágrimas lo hagan también. Y con ellas recuerdos muertos, sueños perdidos y esa promesa rota tan amarga, que roza mi paladar todos y cada uno de mis días. No creas que es fácil hacerme a la idea que no volverás. Que por mucho que te escriba, que te piense, que te eche de menos, que te llore; no volverás. Aun que esto me duela y me cueste de reconocer; ya sé que no volverás. Que no habrá nunca más un nosotros, ya ni si quiera un tú y yo. Ni cualquier cosa que nos una. No sé vivir sin tí, pero ya aprendí a vivir sin tu amor. Todo algún día se aprende y yo, aprenderé a vivir sin tu presencia. Y con el tiempo me dejarás de doler. El tiempo todo lo cura pero las cicatrices siempre permanecen y no quiero que vuelvas, una vez que hayas desaparecido, para volverla a abrir y hurgar otra vez en la herida. No, eso no. Eso sería morir aún estando viva.
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Cuando remueves los recuerdos que aún están perdidos por dentro de tu corazón, te das cuenta de que aún no has olvidado. Te das cuenta, de que él aún sigue presente. Pero ya es casi transparente; ahora esta difuminado. Poco a poco, se irá borrando. Se irá borrando como aquel corazón mal pintado con nuestros nombres dentro. Ya practicamente, no (me) dueles. 

Por ti. Sólo por tí y sólo junto a tí.

Estamos como siempre, ella y yo en la camilla del hospital. Todas las tardes des de que ingresó, a las cinco y media de la tarde, la voy a ver. No puedo pasar un día sin ella. Ya no sé que decirle para que pare de tener esa distorsión en la mirada. Ya lleva en el hospital unos tres meses. Anoréxia e intento de suicidio. Y pensar que yo le prometí que la iba a proteger. Que no dejaría que le pasase nada, absolutamente nada. Que le dije que la cuidaría y la mimaría. Que una princesa se merece eso y más. Y mirala.
Rota; tanto por fuera como por dentro. Cicatrizes; tanto por fuera como por dentro. El verla así me duele, el dolor me cala dentro, hasta lo más profundo de mi corazón. Suerte que llegue a tiempo a casa y antes de que muriera desangrada la pude llevar al hospital. Y tras estar una semana en la UVI y otra bajo observación, ya podía decir firmemente que estaba fuera de peligro. Fueron dos semanas de extrema angustía, donde yo, no paraba de besarla y abrazarla; por que nunca sabes cuando puede ser la última vez.
Ella es preciosa, no os lo podéis imaginar y tenía un cuerpazo... Bf. Y todo empezó por un puto niñato que no tenía otra cosa que hacer que meterse con mi pequeña.
+ Piensa; ¿vale la pena seguir viviendo? Ya te lo digo yo: no. - sus ojos brillan, están húmedos.
- Puede ser, pero la muerte es la vía fácil y  tu de cobarde no tienes nada.
+ Ya no estoy tan segura... ¿No me ves? ¡Mira mi cuerpo! ¡Mira mi puto cuerpo, joder! Nunca seré perfecta...
- ¿Y para que serlo? ¿Para que ser perfecta? ¿Acaso yo por que seas perfecta te voy a querer más? No. Te voy a contar un secreto que una vez mi abuelo me lo dijo. Pero me tienes que prometer que no se lo dirás a nadie, confío en ti.
+ Te lo prometo. Sabes que lo que digo, lo cumplo.
- Pues mi abuelo, me dijo un día, que las personas perfectas no existen. Que tan sólo existen las personas perfectas para otras, ¿me entiendes? Tu eres perfecta. Pero perfecta para mí. No puedo dejar que te vallas de mi lado, tendría que estar loco para hacerlo, ¿no crees? Sólo quiero que te veas con mis ojos, por un segundo y no volverás a sentir un sólo complejo; ni por tu físico ni tu aspecto. Quiero que seas la misma que hace tres meses y cinco días, eras. Tu sonrisa no estaba apagada, como ahora. Tu sonrisa iluminaba a diestro y siniestro; me incluyo. Por favor, vuelve a ser la que eras. La que veía el vaso medio lleno y la que sacaba el aspecto positivo a todo. La que me daba esos besos con sabor a Nesquik por las mañanas y la que se miraba al espejo diciendose a si misma: me voy a comer el mundo. Siempre que hacías eso, yo pensaba: tranquila, que de comerte a tí, ya me encargo yo. Y pensar que ahora no comes nada. Ni si quiera me comes a mi, a besos. Por favor, vuelve. Saldremos de esto juntos, pero necesito tu ayuda. Solo no puedo. - mientras des de mis ojos, salían todas las lágrimas que había intentado ocultar des del principio. Y no cesaban.
+ Lo siento.
- ¿Por qué?
+ Mírate. Lloras. Yo prometí hacerte feliz como la que más. Y no lo eres.
- Sonríe y yo seré feliz. Recuperate y yo seré feliz. Bésame y yo, seré feliz.
+ Por tí. Sólo por tí y sólo junto a tí; lo podré hacer. No me abandones.
- Nunca lo he hecho y nunca lo haré. ¿Recuerdas? Para las buenas y para las malas.
+ Te quiero, cielo.
- Yo también, princesa.
Tras un par de semanas ella empezó a evolucionar muy favorablemente. Sólo quería decirte que: Gracias, abuelo. Estés donde estés, quiero que sepas que te quiero.
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Cuando juntas un par de sentimientos tuyos con un poco de imaginación puede salir algo parecido a esto. Yo estaba flotando a la deriva hasta que...
me hundí y duele.

Te amo, mamá.

Y pum, el mundo se me cae a los pies. Ella ya no está. Y todo por culpa de ese puto cáncer que le iba restando minutos de vida. Por ese puto cáncer que la iba consumiendo por dentro. Que la iba matando lentamente y con un dolor, un dolor insoportable. Por que la muerte tendría que ser el final de la vida. El cáncer, no. La veía mal y no podía hacer nada; IMPOTENCIA, es como se le llama a esa sensación. Que para mi ella era la más guapa y la más fuerte. Ella era mi norte, mi sud y hasta era mi este y oeste. Ella era el deseo que pedía al ver pasar una estrella fugaz por el nítido cielo. Ella era la razón de, todas y cada una de mis sonrisas. Ella era cada pequeño lunar de mi piel. Ella era el corage que me faltaba y el valor que perdí un día. Ella era mis fuerzas y mis ganas que me hacían seguir adelante, que me hacían levantar cada vez que me caía y intentarlo una vez más. Ella era ese Sol de Agosto que te ilumina, que te guía. Y también esa nieve de Diciembre, que te hace ver lo que para ti era negro, blanco. Ella era mi vela en la oscuridad y también en el mar. Ella era cada pequeña sensación de felicidad y orgullo que sentía; y digo orgullo, por que era la persona que más orgullosa estaba de su mamá. Ella era mi vida, mi infinito, mi todo y más. Ella era; y digo era por que no está aquí, aun que yo la note tan presente como si ahora mismo me estuviera abrazando, me estuviera diciendo:
- Pequeña; ya sabes que entre el cielo y la tierra hay unos pocos kilómetros. Pero, ¿no ves que yo estoy a tu lado siempre? No me ves, no. Pero, ¿verdad que me sientes? Que sientes como te acaricio el pelo como cuando lo hacía por las mañanas al despertarte. Que sientes mis besitos de esquimal cuando me sacabas diezes en los exámenes. Que sientes esos abrazos que te daba yo cuando tu te enfadabas por que no te dejaba salir, pero sabías que era por tu bien. Que sientes mis besos, a todas horas, siempre. Que sientes como mi mano te limpia las lágrimas cada vez que estás triste. ¿Verdad que lo sientes? ¿Sabes por qué? Por que estoy contigo, nunca me he marchado del lado de mi pequeña y nunca lo haré. Te espero aquí. Quiero que recuerdes que no debes perder nunca tu sonrisa, que a tu mamá le encanta. Te amo, pequeña princesa mía.
Y por esa simple razón, la de sentirla, debería decir: ELLA ES. Por que Ella era, es y será siempre la mejor mamá del mundo.
Me gustaría poder estar tan sólo un minuto más con ella, lo daría todo, hasta mi vida si hiciera falta para poder estar tan sólo un minuto con ella. Me gustaría poder decirle todo eso. Así que este papel va a ir dentro de una botella, ¿sabes? Y la voy a tirar al mar, sé que eras muy romántica y te encantará cuando la encuentres y lo leas. Y por si se la traga una ballena o llega a manos de otra persona, también la voy a atar a un globo. Sí, a un globo en forma de corazón rosa, que sé que son los que más te gustan, mamá. Así, seguro que te llega, de una forma u otra, sabrás todo lo que te quiero, mamá. Sabras lo mucho que te echo de menos y lo mucho que te necesito aquí conmigo. Así sabrás que tu pequeña princesa; como tu me llamabas, no para de pensar en todos los momentos que hemos llegado a vivit juntas y que perdurarán por siempre en nuestros corazón y nunca se borrarán de nuestras mente. Así que quiero que sepas que: te amo, mamá. 
Hasta siempre.
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Esto se lo dedico especialmente a unas amigas mías, que perdieron a su mamá. Quiero que vuelvan a sonreír como antes, quiero que sepan que su mamá ahí arriba las está cuidando y no se aparta ni un segundo de sus lados, quiero que la sientan como si nunca hubiera partido a ese lugar llamado cielo.
Abril, Mariana; sois fuertes. 


Hasta el hielo acaba quemando.

Y aun que el ambiente sea templado yo por dentro estoy helada. No sé decirte si es por la ausencia de tus besos o la de tus abrazos. O tu ausencia, en si. Creo que es más la tercera opción. ¿Ahora qué me queda? Un par de recuerdos, de promeses y un corazón; pero todo eso, roto. Echo añicos, pedazos, trozos. Son los restos de todo lo que te dí y tu, rompiste. Cosas que para ti no tenian valor y, en cambio, para mi lo eran todo. Eran todo lo que te podia ofrecer y no me dejé una parte de reserva por si esto pudiera haver acabado así. Y fíjate que tonta fuí que pensava que eres diferente. Todas las veces que he confiando en ti y he dejado  pasar los miles de fallos que has tenido; que reconozco que yo, también los tube. Pero yo no mentí y te amé; y lo peor de todo, es que, aún te amo. Y duele. Y sufro. Y lloro... Y me hundo y por mucho que intente volar me cortaste las alas, como si fuese tuya; bueno, lo fuí. Ahora ya he aprendido de estos golpes (de estos muchos golpes). Ahora seré más fría que el hielo; pero lo peor de todo es que hasta el hielo acaba quemando.

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Cuando te hacen daño, no te queda otra que ahogar los recuerdos. Pero estos flotan, qué cabrones. En fin, que aún sigues en mi mente y...

también en mi corazón roto.

Después de cada calada, un beso; ese era el trato.

Llena de maquillaje por fuera y vacía de sentimientos por dentro, así estoy. Con rímel para resaltar aún más el color miel de mis ojos y carmín rojo en los labios. Con la misma intensidad y cantidad de pintalabios rojo con el que salía, entraba en casa. No había la típica rana que besabas y se convertía en príncipe, así que eso hacia que se mantubiese intacto. A estas horas de la noche y yo aún vagando por las calles en busca de nada. Con la mirada perdida. Y todo por que no quiero regresar a casa por culpa de esas cuatro paredes. Esas que me oprimen, me entristecen y me van matando por dentro. Esas que hacen de mi cárcel.
La máscara de chica dura, sin corazón y pasando de todo, es la que llevo yo. Debilidades bien pocas. Mejor dicho, debilidades: una. Él. El típico chico pasota e incomprendido por el mundo. Mas o menos como yo, me atrevería a decir. El problema de todo esto: que por empezar, no sé ni su nombre. Y aún peor: él no sabe el mío. Seguro que 'Sara' dicho des de sus labios suena mucho mejor y si estos mismos, estan a centímetros de los míos, a punto de besarnos... Para ya de soñar, que la realidad siempre decepciona.
Es él, a un par de metros de mi, ÉL. Le miro con timidez. Nunca sonríe, ya somos dos. Sus ojos verdes te hipnotizan y hace que yo, lo mire descaradamente hasta que él se da cuenta. Si es que soy estúpida. Nuestros ojos se encuentran, nuestras pupílas se empequeñecen. Y rápidamente y diría que casi a la vez; apartamos la mirada. Se levanta y se sienta a mi lado. Ay, por favor, me va a dar un infarto de lo muy fuerte que me late el corazón. Que nervios. Me mira y yo, mientras, miro al suelo. Saca su caja de Marlboro y ahí empieza todo.
+ ¿Quieres uno?
- Vale.
Lo mejor de todo, es que yo nunca he fumado. Que no lo había provado nunca. Me lo poso en los labios y dejo que con su mechero azul turquesa me lo encienda. Mi primera calada y empiezo a toser como nunca.
+ ¿Por qué me has dicho que querías uno, si nunca has fumado? - dice sorprendido y a la vez con una sonrisa.
Algo me recorre mi estómago, ¿serán esas mariposas que creía muertas? Lo más probable. Es ahora o nunca. Tengo que decirle lo que siento.
- Verás... Yo... Bah, nada. - dije con lágrimas en los ojos y las mejillas enrojecidas.
+ Espera, ssssh. - dijo mirándome a los ojos.
- ¿Qué? - y acontinuación aparto la mirada y la fijo, por segunda o tercera vez, en el suelo.
+ Que somos dos tontos intentando ocultar nuestros sentimientos, ¿me equivoco? - mientras en su cara se dibuja una tímida sonrisa.
-No, no te equivocas, para nada. Pero, es que, yo... - dije observando su perfecta sonrisa.
+Calla, no hacen falta palabras.
Y entonces Guille se acercó a mi. Lentamente, disfrutando del momento, ese que los dos llevábamos esperando des de hace bastante tiempo. Y me besó. Nuestros labios se fundieron en uno. Es la primera vez que siento eso llamado amor.
Y fué ahí cuando me fumé mi primer piti. Pero lo mejor fué la compañía. Después de cada calada, un beso; ese era el trato.
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De finales felices, no se mucho, la verdad.
Lo que hacen las casualidades, todo por un paquete de Marlboro y unos cuantos sentimientos escondidos.

Errores.

Yo, siempre seré un error. Puede que un error dulce que cometer o puede que uno de esos que acaban de la forma más amarga posible. Puede que sea ese ‘infinito’ que tanto nos dicen y decimos o ese ‘para siempre’ que prometemos y nunca se llega a cumplir. Puedo ser tu peor pesadilla o la que se cuele en tus pensamientos a todas horas. Puedo ser la macarra de turno que te quite sonrisas o la que te quite el sueño. Tal vez, sea esa extraña de la cual no sabes ni el nombre o esa amiga del alma que oculta sus sentimientos por ti. Pero soy un error. Y sólo tu, puedes decidir si cometerme o no.

Otra queja más sobre este mundo de mierda.

¿Libertad de expresión? Muchos no saben lo que es. Estamos aquí para dar nuestra opinión, te guste o no. Estar en contra del racismo y la homofobia. ¿No ves qué ellos también son personas? Aquí uno de fuera con dinero, es extranjero. En cambio, cuando no tienen ni un duro, es emigrante. La homosexualidad no es ninguna enfermedad, que os entre en la puta cabeza de una vez, ya. Ahora me vais con el rollo de que lo importante es el interior pero bien que criticáis y despreciáis a un montón. Si no es por la ropa, es por el color de piel. Y si no, simplemente por el estilo musical. ¿Qué coño te importa, los gustos de los demás?

Bienvenidos a esta s[o/u]ciedad.



De un príncipe a su princesa.

Princesa mia,
Tal vez no seas perfecta pero perfecta para mí, sí que lo eres. Ya sabes lo mucho que te amo. Que antes de que puedas caerte, estaré yo, sujetándote de la mano. Y que si te vas, me llevarás contigo siempre. Por que yo, nunca te soltaré y siempre estaré por si te faltan fuerzas para seguir. Por que yo, te daré todas las mías, te daré todas mis fuerzas. Que seré tu héroe y te protegeré del malo. Seré además el motivo de tu sonrisa y si me dejas, seré el guardián de tu corazón. Yo te haré feliz. Ven conmigo, que aun que sonrías, sé que estás triste. Ven aquí, que te abrazo. Yo te quiero. Así que recuerdalo, pequeña, SONRÍE.
De tu príncipe.

Y en medio de esa nada, yo.

Nada. No queda nada. Nada de este corazón, que ya está roto. Nada de ese imperio llamado Roma, que ya se destruyó. Nada en ese vaso, que no hace mucho eras tu quien decidía verlo medio vacío o medio lleno, pero ahora ya el problema es que ya no hay ni agua. Nada de esas palabras. Esas palabras sin sentimiento alguno. Y en medio de esa nada, yo. Y esto ya, no lo soporto ni un segundo más, es difícil y a mi, no me queda otra cosa que rendirme, ¿qué puedo hacer si no? Nada. Sólo sentarme en el suelo a esperar que esta mala racha pase. Estoy harta de decir que estoy bien mientras una lágrima resbala por mi mejilla. Cansada de sonreir, de fingir ser feliz. Todo el mundo viene a explicarte sus putos problemas, ¿y tu qué? A mi ya, ni la almohada me escucha. Será un pozo sin salida, ¿quizá? O a lo mejor es tan hondo que necesito ayuda para salir. Pero, ¿he tocado fondo? Ni si quiera lo sé.