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Después de cada calada, un beso; ese era el trato.

Llena de maquillaje por fuera y vacía de sentimientos por dentro, así estoy. Con rímel para resaltar aún más el color miel de mis ojos y carmín rojo en los labios. Con la misma intensidad y cantidad de pintalabios rojo con el que salía, entraba en casa. No había la típica rana que besabas y se convertía en príncipe, así que eso hacia que se mantubiese intacto. A estas horas de la noche y yo aún vagando por las calles en busca de nada. Con la mirada perdida. Y todo por que no quiero regresar a casa por culpa de esas cuatro paredes. Esas que me oprimen, me entristecen y me van matando por dentro. Esas que hacen de mi cárcel.
La máscara de chica dura, sin corazón y pasando de todo, es la que llevo yo. Debilidades bien pocas. Mejor dicho, debilidades: una. Él. El típico chico pasota e incomprendido por el mundo. Mas o menos como yo, me atrevería a decir. El problema de todo esto: que por empezar, no sé ni su nombre. Y aún peor: él no sabe el mío. Seguro que 'Sara' dicho des de sus labios suena mucho mejor y si estos mismos, estan a centímetros de los míos, a punto de besarnos... Para ya de soñar, que la realidad siempre decepciona.
Es él, a un par de metros de mi, ÉL. Le miro con timidez. Nunca sonríe, ya somos dos. Sus ojos verdes te hipnotizan y hace que yo, lo mire descaradamente hasta que él se da cuenta. Si es que soy estúpida. Nuestros ojos se encuentran, nuestras pupílas se empequeñecen. Y rápidamente y diría que casi a la vez; apartamos la mirada. Se levanta y se sienta a mi lado. Ay, por favor, me va a dar un infarto de lo muy fuerte que me late el corazón. Que nervios. Me mira y yo, mientras, miro al suelo. Saca su caja de Marlboro y ahí empieza todo.
+ ¿Quieres uno?
- Vale.
Lo mejor de todo, es que yo nunca he fumado. Que no lo había provado nunca. Me lo poso en los labios y dejo que con su mechero azul turquesa me lo encienda. Mi primera calada y empiezo a toser como nunca.
+ ¿Por qué me has dicho que querías uno, si nunca has fumado? - dice sorprendido y a la vez con una sonrisa.
Algo me recorre mi estómago, ¿serán esas mariposas que creía muertas? Lo más probable. Es ahora o nunca. Tengo que decirle lo que siento.
- Verás... Yo... Bah, nada. - dije con lágrimas en los ojos y las mejillas enrojecidas.
+ Espera, ssssh. - dijo mirándome a los ojos.
- ¿Qué? - y acontinuación aparto la mirada y la fijo, por segunda o tercera vez, en el suelo.
+ Que somos dos tontos intentando ocultar nuestros sentimientos, ¿me equivoco? - mientras en su cara se dibuja una tímida sonrisa.
-No, no te equivocas, para nada. Pero, es que, yo... - dije observando su perfecta sonrisa.
+Calla, no hacen falta palabras.
Y entonces Guille se acercó a mi. Lentamente, disfrutando del momento, ese que los dos llevábamos esperando des de hace bastante tiempo. Y me besó. Nuestros labios se fundieron en uno. Es la primera vez que siento eso llamado amor.
Y fué ahí cuando me fumé mi primer piti. Pero lo mejor fué la compañía. Después de cada calada, un beso; ese era el trato.
....................
De finales felices, no se mucho, la verdad.
Lo que hacen las casualidades, todo por un paquete de Marlboro y unos cuantos sentimientos escondidos.

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