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Lléname.

Mi voz pidiendo a gritos que alguien llene mi vacío. Que estoy más vacía que la botella de ese borracho que pide en la boca del metro. Más vacía que el corazón de los asesinos que matan a gente, sin compasión ninguna. Más vacía que todo, más vacía que nada. Lléname; lléname de sentimientos, por favor. Que el no sentir nada, es insoportable. Y me pregunto: ¿qué es mejor el sentir dolor o el no sentir nada? No hace mucho hubiera dicho que es mejor el no sentir nada. Pero aquí estoy, escribiendo algo que no tiene ni pies ni cabeza (como mi vida) y no sintiendo nada. En mi interior, vacío. Sólo vacío. Precipicios; abismos. Al menos si siento dolor puedo escribir, puedo plasmarlo en un papel y si luego quiero, quemarlo. O romperlo. O simplemente, guardarlo. O publicarlo aquí. A veces, pienso que no me podéis llegar a entender. Ni si quiera haceros a la idea de lo que siento; ya que no siento nada. Ya ni soy feliz en mis sueños, ahora son pesadillas. Tan sólo reflejan mis miedos. Ya nada tiene sentido. Y de verdad pienso, si esto vale la pena. Ya estoy harta de dar tumbos por las calles sin un rumbo fijo, sin que nadie me espere. No, definitivamente, todo carece de sentido. Ya nada lo tiene. Todo ha perdido su signifcado al estar sola. Yo, mi bolígrafo, mi papel y poco más. Una cárcel sin rejas y una rutina que me mata; como el peor de mis enemigos, me mata. Primero sientes una presión en el pecho y poco después, un terrible dolor de cabeza. Suavemente, aparecen las ganas de llorar. Y quieres gritar, pero no te sale voz; aun que, tampoco sirve de mucho, ya que nadie te escucha. Coges lo primero que tus manos pueden llegar a alcanzar y cuando estás a punto de lanzarlo contra el suelo; te detienes. Y te dices a ti misma: eh, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir. Y tu mano, lentamente, se abre. Y deja caer ya sea un objeto, tu bolígrafo, tu folio arrugado y empapado de lágrimas o tu corazón. Que más da, por una cicatriz más, no le va a pasar nada. Te apoyas en la pared; sin consuelo, hasta que poco a poco te deslizas y te detienes al estar sentada en el suelo, con los ojos empapados, las manos tapándote los oídos y la cabeza apoyada en las piernas. Con el pelo alborotado y el poco rímel que llevabas; corrido. Pero ya nada importa. Le sumo estas lágrima al contador de mis tristezas y nadie se dará cuenta de que yo por dentro, muero. Me asfixio, suavemente, hasta quedarme sin aire. Sin poder huir ni fugarme. No puedo. Lléname; lléname de sentimientos, por favor. Que esto de estar vacía, no está hecha para gente frágil; como yo.
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No te lo puedo decir más claro y ya, ni si quiera puedo decirtelo más fuerte, dado que, no tengo voz. He estado gritando en mi cabeza su nombre durante tanto tiempo que me he quedado afónica temporalmente. O eso espero. Quiero que la lluvia me moje, en vez de que sean mis lágrimas las que no paren de empaparme. Pero estamos en tiempos de sequía, que suerte la mía.

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