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¡FELICES DÉCIMO CUARTOS JUEGOS DEL HAMBRE! Y que la suerte esté siempre de vuestra parte.

Último día de este año que ha estado bien completito. Parece típico pero sólo quiero dar las gracias en serio. Dar las gracias y a todos. Gracias a los que me han visto caer y no me han ayudado a levantar y así hacerme más fuerte. Gracias a los que si me ayudaron pues sin su ayuda no podría haber seguido adelante. Gracias a los que habéis aparecido a mi vida y me habéis hecho tan y tan feliz. Gracias a los que habéis desaparecido y me habéis abierto los ojos. A los que siempre han estado, a los que me han fallado. A los que me han abrazado y a los que me han puteado. Gracias, Vida, por ponerme las cosas tan duras y hacérmelas pasar tan putas. Pero también haberme puesto buenos momentos y haberlos pasado de putis. Como ya he dicho, hoy es día de agradecer, así que gracias a todos.

Y algo que en especial va para todos vosotros, los que me leéis, me seguís, me comentáis y estáis presentes en cada uno de mis textos. No podíais faltar. Gracias a todos vosotros porque sin vosotros nada de esto sería posible. Sois un gran apoyo para mi. Una vez más... Gracias.


Quedan tan solo horas para tener mis 15, por fin. 
Adiós 2013. ¡Bienvenido 2014!


Atelofobia.

Y Ana volvió.
Y cuando Ana vuelve, todo se vuelve a romper.
Yo... Me vuelvo a romper.
Parece que todo está superado y de repente aparece, te miras al espejo y ya no te ves igual que siempre.
Sabes que siempre tienes ese puto pensamiento en la cabeza que te repite lo insuficiente que eres.
No puedes sentarte en la mesa y ver la comida, te repugna. Te da asco, te das asco.
Vas por los pasillos del instituto con la cabeza gacha como de costumbre y piensas que todas las risas de tu alrededor, van hacia a ti.
Siempre llevas exactamente las mismas pulseras en la muñeca izquierda y dices que es por un gato, el gato imaginario, será... Porque ni tienes.

Ana volvió y con ella todos los miedos.
Miedo a la imperfección, miedo a ser insuficiente, miedo a vivir, miedo de ti misma.
Porque tu misma eres tu enemiga.
Sabes que es lo que más te hace daño.
Donde atacarte.
Donde herirte.

Y Ana se calma, nunca se va pero se calma.
Y pese a seguir teniendo esos pensamientos siempre... Puedes controlarlos.
Eres fuerte y puedes con ellos.
Ana nunca se irá, siempre vivirá en ti. Es como que tu mente está partida en dos y una la dominas tú y otra la domina Ana.

Tienes que poder con Ana. Luchar contra ella y vencerla. 
Debo vencer a Ana.

Pero a veces me siento tan débil, tan vacía... que ni puedo.



Tu heroína.

Ya no sólo controlaba mis latidos, mis pensamientos y mis sueños. Ahora además tenía la manía de manejar a su antojo el ritmo de mi respiración. Tenía el poder de la heroína. Sentir el roce de su piel me producía una miosis instantánea en las pupilas. Y qué suerte tenia el viento de poder sentir el tacto de su piel y de envolverse en su pelo, de hacerlo volar. Como las drogas, si es que ya te he dicho que nada va más allá de drogas. Los amaneceres enredada en sus sábanas, tan desordenadas como mi pelo. Cada puente enamorado de un suicida y yo siendo suicida me enamoro de otro suicida que en vez de darme vida me lleva a morir. Y joder, no soporto que seas la mejor y la peor cosa del mundo, a la vez. Aunque, bueno, siempre he sido mucho de contradicciones. Quiero volver a ser tu heroína, por favor. Quiero que vuelvas a sentir el éxtasis de quererme.

"Me acuerdo cuando me decía:

Quiero ser tu heroína.

Y yo me acojonaba, porque no sabía si quería ser mi droga, o la chica que me iba a salvar de las mierdas, que me iba  levantar a pulso de cada caída. Pero luego comprendí que se refería a las dos. Yo un toxicómano de sus labios y ella mis rayas (pura droga), esas sobre las que se posaban las letras que escribía cada noche con un cigarrillo en la boca. Esas noches que me daba cuenta de que su sonrisa colocaba más que cualquier basura de un camello."   - Corazon bajocero


Hay días...

Hay días en los que siento, que lo único que hago, lo único que logro, es morir cada día un poco más. Morir por ti, por tu sonrisa, por tus lunares y es que aún no has dejado a esta lunática formar constelaciones en tu piel. Quiero acariciarte el alma, hacerte mío, subirme contigo a un puente y tirarme de cabeza al abismo. Bailar Rock & Roll mientras llevo la falda más corta del armario. Besarte, perderte, perderme, encontrarte, perdernos, salvarnos. Salvarnos. Joder, que he dicho salvarnos. Y sabes que no cualquiera es capaz de salvarme. Era un caso perdido y tú el comisario cabezota que se empeña en no dejar ningún caso abierto. Aunque así dejaste mis piernas, patas arriba, al igual que mi vida, mi cabeza y mi corazón. Y es que te sigo comparando con un puto huracán que arrasa con todo lo que se interpone en su camino y no deja nada. Cada vez encuentro más semejanzas... Has pasado, te has ido y te lo has llevado todo.




Una loca sin remedio.

Vamos a fingir de nuevo que ha sido el puto "gato" quién te ha hecho esos arañazos en el brazo. Fijamos que todo está bien, que tú estás bien. Total... Siempre lo estás. ¿A quién le importa(s)? Te paras a pensar y no le importas a nadie, empezando por ti misma. Y es triste que no te quieras ni el cuarto del quinto que te bebiste ayer. Todas las cervezas las gastaste con ese cabrón que te gastó los labios una noche loca, rubia. Y mira como has acabado, chica. Volaste tan alto que te caíste de corazón al suelo y míralo, hecho añicos que está.



XXVIII.

Esta vez te escribo con otro peso más sobre mis hombros. Como si no fuera poco el de tu corazón. Y eso que yo no soy tan fuerte como para cargar a las espaldas los corazones grandes. Pero eras tú, ¿y qué excepción no sería capaz de hacer por ti? ¿Eh? Dime. 
Hoy te escribo sin saber si quiera si lo vas a leer, cuando antes ya me encargaba yo de que no se borrara el nombre del remitente en el sobre de mi carta. 

Siempre pensé que al menos el tiempo estaría a mi favor y ahora resulta que es mi peor enemigo. Después de mi misma, claro. Y mejor no hablar de la distancia. 
Todo ha sido tan rápido que no me lo creo y me pellizco para ver si esto de verdad ha sido una jodida pesadilla de una noche que se ha alargado más de la cuenta y ha durado unos pocos días más de lo debido. 
Resulta que no y qué mierda ¿eh? Eso de despertarme y pensar que te pierdo, que te vas y que no habrá último beso porque lo último fue un 'Coge conmigo el tren y vente a Torre, por favor.' Ni adiós, ni pollas, sino un vente conmigo.

Te prometo que intenté ponerme en la situación de un día despertar y no saber nada más de ti, en serio que te lo prometo y no sabes el nudo que se creó en este corazón dónde antes creaste un huracán. Supongo que ahora estamos en el ojo de este huracán y por eso la situación está como está; etapas. 
¡Quiero que vuelvas a hacer tormentas en mi cabeza! Que se que odiaba que fueras tan complejo a veces y me costara entenderte y aunque pusiera empeño, tú te encerraras en tu caparazón, y sé que aún no me has dejado entrar. Justo cuando parecía que asomabas la cabeza, no sé, te asustaste, y todo a la mierda. Espero que algún día llegues a abrirme las puertas de par en par y me dejes entrar dentro de ti y ya de paso me quedo a vivir. Que el lado izquierdo de tu pecho debe de ser muy cómodo y prometo cuidarte muy bien el motor que te da vida. Que si te quedas sin vida, me quedo sin ti, sin mi y nos perdemos y menudo caos, ¿no crees? Yo que me pierdo sino me dejas ver por el mapa del desierto de tus ojos, pero vamos que si me pierdo y me encuentro justo entre el lóbulo de tu oreja y la clavícula, pues tampoco me importa mucho. 

No sé si creías que me iba a olvidar de este día, pero cómo olvidarlo sino para de pensar en ti, en mi y en nosotros y en todo y en nada y cuántas y


Te quiero.
Igual que antes.
¡Qué digo!
Incluso más que antes, 
mucho más.

Tanto 
que quiero que vuelvas, 
para poder demostrartelo... 

...otra vez más.



Jóvenes amando como jóvenes suicidas.

Hoy ha sido todo tan raro... Iba en el coche mirando la lluvia (*). Miraba por la ventana y veía las gotas haciendo carreras sin saber que el llegar las primeras, tan sólo las haría morir antes. 

Suicidas. - pensaba - Pobres suicidas.

Me ha recordado tanto a ti, tanto a mi. Tanto a nosotros.

Porque al fin y al cabo éramos dos gotas de agua. Yo iba a toda leche porque no quería darme cuenta de lo que ocurría a mi al rededor. Malvivía, bebía, fumaba. Ir a 260 km por hora por la autopista no era nada comparado con el ritmo de vida, de mis latidos, que llevaba.
Él iba por su camino y yo por el mío y en ningún sitio estaba escrito que algún día nos encontraríamos. Quizás en nuestros ojos se hubiera podido vislumbrar un pequeño rasgo del otro. O letras escritas en los pliegues de nuestra piel relatando nuestra historia. Pero no lo sabíamos, fue todo pura casualidad y sabes que nunca me cansaré de repetirte que fuiste mi casualidad preferida.
Al final nos acabamos juntando y tu me hiciste reducir la velocidad a la que quería que fuese mi vida y fíjate, que por otro no lo haría, pero es que por ti hubiera hecho cualquier cosa. 

Qué pena que al final, esa puta gota de lluvia, haya acabado derrumbándose de mis ojos. Por que de verdad te quería te quiero.




Una-jodida-pesadilla.

Todo me pesa tanto... Siento como me asfixio. Y cuanto daría para morirme en este jodido instante. Nado contracorriente y al final es normal que me ahogue de tanta agua, de tantas cosas. De tantas mierdas.
Cada vez controlo menos mi odio. 
Los cortes y los arañazos en las muñecas se multiplican día a día y sé que no es lo que debo hacer. Pero, joder, ¿qué hago si es lo único que me hace sentir mejor?
Tengo ganas de rajarme las dos venas que más se notan en mi muñeca y la cuchilla ya está lista para empezar a sacar el odio de dentro. Vamos a acabar con toda esta mierda ahora mismo. Voy a dejarme de tonterías para dejarme medio desangrada e inconsciente en el suelo hasta que haya un desafortunado que me encuentre y me intente salvar. Y ahí te darás cuenta que es demasiado tarde... 
Ahí veré si la vida me quiere viva o ya me puedo morir que ella va a seguir indiferente a mi y a mis movidas. 
Y es que noto el odio en cada una de mis palabras. Noto el dolor en cada una de ellas. 

Ya cae la primera lágrima...

Me miro en el espejo y ya no soy a penas capaz de sostener la mirada con la de mi reflejo. Me dan ganas de romperme los nudillos contra el espejo. Es jodido mirarte al espejo y que éste te devuelva de todo menos lo que quieres ver, ¿no crees? Aunque, yo, bueno, por creer no creo ni en mi misma.
Es mirarte y darte asco, repugnarte y sentir la necesidad de verte más delgada. Más de lo que la gente ya dice que estás pero tú no lo ves. Y joder, que no es porque no quieras, por un puto capricho o por verte tú a saber que historias basadas en mentiras se inventan. La gente empieza a juzgar sin saber que hay detrás de la fachada de cada persona, sin saber de que material están hechos.
Detrás de cada uno, hay una historia.
No sabes que es guardárselo todo en la garganta y no ser capaz de decir lo que piensas por miedo al qué dirán. Si ahora me callo es porque algún día intenté gritar y me taparon la boca a la fuerza. ...Y me hicieron daño.
¿Tienes idea de lo que es avergonzarse de uno mismo? ¿De ir por la calle con la cabeza baja deseando que nadie te mire porque tienes la sensación de que todo el mundo se está riendo de ti?
¿Conoces la sensación de darte ASCO?
Ese maldito momento en el que te quedas mirando tu reflejo y no sois capaces de mantener la mirada porque ni tú le quieres a él, ni él te quiere a ti.
¿Conoces la sensación de querer tener el estómago y la mente vacía? No de quererlo, sino de necesitarlo.
Es muy duro, es demasiado duro...
Tú nunca has tenido una voz en la cabeza que te dice que eres una gorda de mierda y que no eres capaz ni de tener la boca cerrada.
¿Sabes lo que es estar o-b-s-e-s-i-o-n-a-d-o con algo? Sabes que por mucho que adelgaces, corras, vomites... no vas a conseguirlo porque no eres nadie como para que las cosas te salgan bien.

Menudo caos mental. No le deseo a nadie la sensación de estar peleado consigo mismo.

Eso es una-jodida-pesadilla.

Veo muchas luces... Oigos muchas voces, ¿que me está pasando? ¿Dónde coño estoy? No puedo más, me está entrando sueño... Siento que me desvanezco y caigo en un pozo negro. ¿Otro pozo más? No, por favor, no...

Al día siguiente me despierto con un tubo enlazado a mi brazo, una mascarilla y en una habitación blanca. La luz me cega y no veo bien... Creo que es mi madre. Sí, es mi madre. 

Sólo puedo oirla llorar mientras dice:
Le sobreprotegí tanto del mundo exterior que le quite las armas con las que luchar contra sus enemigos. 
Le sobreprotegí tanto... que no me di cuenta de que debía protegerla de ella misma. Fíjate, de ella misma...





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Algunas frases están sacadas del precioso video de AnitaBtwice - Solo por capricho. Es el mejor video sobre el odio contra uno mismo que he visto. Pongo sus frases porque la clava mucho y no hay mejor manera de expresar este sentimiento, en serio.

28 cosas que me gustan de ti.

1. Me gusta que me beses el cuello. Me haces cerrar los ojos y dejarme llevar.
2. Me gusta cuando nos peleamos por quién quiere más a quién. Me gusta que entre cada "yo más" me beses para que me calle. Y lo consigues, haces que me calle porque me haces olvidar todo. Hasta que vuelvo a reaccionar y recordar que estábamos peleando, ¡y yo te quiero más!
3. Me gusta tu risa y tu voz, aunque sé que tú la odias... ¡Joder! Quiero que tus susurros sean las primeras palabras que escuche al despertar.
4. Me gustan encantan tus ojos. Ese color marrón clarito, tirando a miel... Que sí, que los ojos marrones provocan un insomnio de cojones pero el tuyo, el tuyo hace muchísimo más que eso. Y te prometo que cuando fijas tu pupila en la mía, desearía que el mundo se parara. Y quedarme en ese instante, congelada.
5. Me gusta que te den pánico las abejas, avispas o bichajos de esos raros. Piénsalo, así podremos huir juntos.
6. Me gusta tu olor. Tienes una olor muy tuya que me encanta. No se puede describir pero te aseguro que si algún día, por cosas de la vida, noto esa olor cerca, la relacionaré al instante contigo.
7. Me gusta cuando me agarras la mano y me aferras a ti. Parece que estés diciendo a todos que soy tuya y que me vas a proteger pase lo que pase. Algo así como un "eh, yo te cuido, pequeña".
8. Me gusta que no me llames "mi vida". No creo que sea por la misma razón que por la que yo no te lo llamo nunca. Pero es que mi vida es puro caos y tú eres mucho más que este desastre.
9. Me gusta cuando te hago cosquillas y sales corriendo. Y parece que te persiga un fantasma y yo me muero de risa. ¿Ves? Si es que las risas que salen de más a dentro de mi ser, sólo me las consigues sacar tú. Me gusta gusta cuando me haces cosquillas. Pero al revés que tú, no soy de salir corriendo porque prefiero revolcarme en tus brazos, como una niña pequeña. Y es que al fin y al cabo, soy eso, tú pequeña.
10. Me gusta pasar tardes enteras contigo. Y ojalá, que no tuviera que pasar tanto tiempo para poder volver a verte. Ojalá que no hubiera distancia y vivieras bajo mi mismo techo, bajo mis mismas sábanas.
11. Me gusta cuando me escribes cualquier cosa. Ya sea largo, corto, una frase, un texto, una pequeña sorpresa... Lo que sea. Adoro que la gente pierda tiempo por mi, escribiéndome algo que le ha salido de dentro y que sólo es para mi. Que yo soy la dueña de eso y nadie nunca más lo podrá ser. Es algo único que haces para mi y oye, que yo sólo escribo porque a quién escribo lo hago eterno. ¿Y si tú lo haces por la misma razón? Me encanta.
12. Me gusta que escuches mis problemas. Y que sepas decir las palabras adecuadas y salvarme. Porque siempre me salvas y de eso te estoy muy agradecida.
13. Me gusta que me hagas bailar en medio del supermercado. Me gusta que me hagas dar tres vueltas seguidas mientras caminamos por un pasillo diminuto y a lo lejos se oiga una voz diciendo que voy a tirar las latas de los estantes. Pero no las tiro, no sé si será porque tengo el ritmo o porque guías bien. Yo apuesto por lo segundo.
14. Me gusta la música que escuchas.
15. Me gusta tu sinceridad. 
16. Me gusta quererte y que me quieras.
17. Me gusta como vistes.
18. Me gusta que seas diferente. Así podemos ser diferentes juntos.
19. Me gusta que creas en las casualidades.
20. Me gusta tu forma de cuidarme, de protegerme, de decirme que aunque los demás me fallen, tú siempre estarás ahí.
21. Me gusta poder presumir de ti.
22. Me gusta dar envidia a las demás. 
23. Me gusta que seas tan amigo de tus amigos. Que siempre hables bien de ellos y los apoyes.
24. Me gusta que me entiendas también, o que por lo menos lo intentes. Creo que no hay nada más bonito que encontrar a alguien que quiera entenderte. Porque encontrar a alguien que te entienda es muy difícil. Pero encontrar a alguien que quiera entenderte, es una de las cosas más bonitas.
25. Me gusta hablar de cosas que nos gustaría hacer juntos.
26. Me gusta la forma en la que nos despedimos. Nos cuesta tanto decir 'adiós'...
27. Me gusta la confianza mutua que nos tenemos.
28. Me gusta que 28 cosas se me queden cortas para decir todo lo que me gusta de ti.


Hogar está dónde estás tú.



He creído verte correr por las calles desgastadas de este otoño que hace mella, como si de nuestro invierno a mecheros sin gas se tratara. Tan frío, como casi tus manos y digo casi porque nadie más me ha helado el corazón con sólo un puto roce, nena. ¿Qué quieres que haga un pobre como yo sin un hogar como tú? Porque espero que recuerdes eso de que el hogar está dónde estás tú y tú te fuiste y me he quedado sin cama, sin casa y, ¿qué hacemos con el perro?

He creído verte correr y he salido detrás tuyo en plan busca y captura pero para sólo encontrarte y pedirte explicaciones, yo te quiero viva que sin ti me muero y ya que me he quedado sin cama, sin casa y no sé si sin perro... Compréndeme, no quiero quedarme sin vida, sin ti.

Yo que ahora haría el amor en tu espalda en verso y me tengo que conformar con pasear solo por donde no hace mucho lo hacía de tu mano. Mi niña caprichosa, siempre consigues lo que quieres, ¿eh? Y yo no te creí y mira dónde he acabado. Y sobre todo, mira cómo he acabado. ¿Te acuerdas de aquel invierno que no se podía salir a la calle sin un gorro de lana de los grados bajo cero que habían? Y tú estabas ahí, para darme calor... Y qué calores me entraban al ver tus curvas. Eh, pero ninguna provocaba tantos putos accidentes como tu jodida sonrisa, nena. 




Huracanes en el pecho.

Podría tararearte al oído noventa y siete veces las notas de nuestra canción. Justo noventa y siete, los días que tardé en poder ver esa sonrisa tan tuya, esos ojitos tan café... Justo noventa y siete días desde que te conocí, por casualidades de la vida, por casualidades grandes, casualidades bonitas. 
Quererte bajito. Que me he puesto a bailar un vals de dos en nuestra estación una vez te fuiste y la lluvia me ha pillado sin paraguas y he dejado que me empapase para que mis lágrimas se mezclaran con ella y así no sepan tan saladas, tan a ti. He intentado fumarme un cigarrillo por cada momento de sonrisas a tu lado para ver si así, al igual que el humo, tus recuerdos se esfumaban. En cambio sólo conseguía consumirme, poco a poco, calada a calada, recuerdo... a recuerdo. Podría recorrerte la espalda con los dedos al igual que unos acordes de guitarra, vértebra por vértebra hasta llegar a tu nuca y susurrarte que no me dejes, que te quedes un rato más. O dos. O una vida. O doce, ya sabes. Llevo cincuenta y nueve noches soñando con tus pestañas. Con que me balanceaba al son de tus parpadeos y no tenía miedo de caerme, porque sabía que tu estarías ahí para salvarme. Me has curado a besos todas las cicatrices y yo ahora soy incapaz de demostrarte cuánto te agradezco que lo hayas hecho. Estoy segura de que no puedo cambiar el mundo, ni tan si quiera, cambiar mi mundo... Pero sé que puedo provocarte tal huracán en el pecho que arrase con todo lo malo y que cree un hueco para mi. Para quedarme a vivir dentro. Qué bonito sería el mundo, mi mundo, visto desde ahí. Con vistas a un día de lluvia y con un piano de fondo (*) que me dijera que la vida no sería lo mismo sin ti.



Eh, que ya he dejado de ser fuerte.

Yo sigo en ese todo y nada que no me deja apenas  dormir. Lo tengo todo, pero me siento vacía y no lo entiendo. Quizá el problema seré yo, pero vamos, ya estoy acostumbrada... Yo siempre soy el problema.
Se que a veces soy difícil de entender y tengo ideas tan disparatadas que me encerrarían en un manicomio. Incluso antes de ver mis antecedentes, fíjate. Yo siempre he sido de esas que se quejan de que la gente dice mucho te quiero, mucho te quiero, pero luego no demuestran una mierda. Y ahora justamente soy yo esa persona, la que quiere hasta no poder más y no demuestra ni lo más mínimo. Me jode porque se que es miedo, miedo a lo que me diga la otra persona, miedo a que ella se acuerde de mi nombre a duras penas, miedo de que yo sea la única pringada que eche de menos una amistad tan valiosa... Pero es que no lo entiendo, te juro que no lo entiendo y eso que yo soy también de esas personas que hasta que una cosa no la entiende y le entra en la cabeza, se queda dándole vueltas al tema. Como si todo fuera un problema de matemáticas, tanto que las odio, y tuviera una solución fija sin otras posibles. Digo que no tengo orgullo y ahora no sé si es verdad o mentira. Ella también tiene, ¿por qué tengo que tragármelo yo? Sigo sin entender nada. Y odio toda esta mierda. Las terceras personas sobran... Joder, lo que daría por poder decirle todo esto a la cara. La primera persona que conocí y me descubrió por dentro... Pues duele perderla así como así. Y encima no puedo hacer nada por recuperarla, bueno tal vez sí... pero a lo mejor ya es tarde, a lo mejor ya no quiere saber más de mi porque está harta de que le diga muchas cosas pero demuestre tan pocas, por no decir ninguna. Soy una mierda de persona, un mal ejemplo al cual no tienes que seguir, un desastre... Pero este desastre de persona te quiere. Y triste es que de tres personas que eches de menos, sólo se lo puedas demostrar a una. Es triste y duele, duele que te cagas joder. Porque yo las quiero a morir, a doler, a llorar y hasta escribirlas. Y que sepáis que escribir a alguien es hacerlo eterno y yo sólo hago eternas a las personas verdaderamente especiales para mi y que las escribo porque ya que por lo visto, por como soy, por el miedo, por el orgullo, por ser una gilipollas y por mil excusas más, no van a ser eternas en mi vida, pues que por lo menos lo sean encima del papel. 


No sólo las echo de menos, también las necesito. 
Y de echar de menos a necesitar hay un paso enorme.

Imagínate si depender de alguien es jodido, 
como será depender de una persona, más unas cuantas más...





Se busca.

Siento si desaparezco durante unos días o semanas pero he estado ingresada en el hospital y he salido hoy. Y pues, aún tengo que ponerme al día en el instituto y orden a mi vida, eso sobretodo.


- ESTA NOTA SE AUTODESTRUIRÁ EN UNAS SEMANAS -



Y dime tú, ¿qué se esconde detrás de tu nada?

Decimos que no somos nada y lo somos todo.
Decimos que no nos pasa nada y nos pasa de todo.
Decimos que no queremos nada y lo queremos todo.
Decimos que no sentimos nada y sentimos de todo.
Decimos, decimos, decimos...

Me preguntaron si estaba bien y yo dije que sí. Me preguntaron que me pasaba y yo respondí que nada.

Y tu encima, quieres saber que se esconde detrás de mi nada. 

¿De verdad quieres que me desnude el alma y correr el riesgo de perderte cuando veas mi mente podrida y mi corazón hecho pedazos como el cristal de mi habitación en los momentos extremos de ira?
¿En serio quieres que me entregue a ti en todos los sentidos posibles y puedas ver la peor cara de esta niña bonita?

Tus deseos son órdenes para mi - 
- le dijo el Genio a Aladín.

Cierra esos ojitos tan tuyos, tan café, tan insomnio... y déjame susurrarte bajito al oído, las mil historias tristes que Nina tenía escritas en las ojeras cuando se sentía muerta aún estando viva. Y es que es así como me siento o mejor dicho, como no me siento. No siento nada. (Al final será verdad, que la palabra nada la puedo utilizar en alguna frase sin ser una pequeña mentira piadosa.) Es como un vacío, un precipicio y yo sólo me he dejado llevar por el viento y sigo cayendo y cayendo y no hay fin... Aunque esa palabra de nunca me ha gustado mucho. Fin suena a despedida, a 'hasta nunca', siempre me han gustado más los nuevos comienzos aunque si la esperanza es lo último que se pierde, yo ya lo he perdido todo. Pero hablando de todo, mi todo eres tú, que también te he perdido... y vuelvo a quedarme vacía. 

Sácame de este puto laberinto de mentiras, que estoy harta de sonreír fingiendo que todo está bien cuando nada
absolutamente nada...

lo está.






Quítame las dudas. O la ropa. O las dos cosas.

Os juro que sigo con ese nudo en la garganta
que sólo se irá
si me desnudas las dudas.
Bueno,
y si quieres... algo más.

Os prometo que tengo complejo de cielo
ya que me llevabas de paseo
en cada beso.
Y puta distancia la que me separa de ti
que me quita parte de vida, parte de mi.

Y vuelvo a perderme cada noche
entre pesadilla y pesadilla.

Y vuelvo a encontrarme cada día
justamente en tu sonrisa.

Quién diría que yo sufriría de a m o r
aún teniéndote sin tenerte
y pensándote sin querer.
O queriendo, como te quiero a ti.



La llamada.

Y que si me echas de menos, estoy a sólo una llamada de distancia. No me vengas con la tontería de que el orgullo, el orgullo... porque si de verdad te importo estoy a sólo 9 números y un 'llamar' de distancia. Quiero que me eches de menos y sientas el nudo en la garganta que siento yo cada vez que nos recuerdo. Pero tranquilo, si estás echo un lío ya te desnudo yo. Y eso es lo que más rabia me da. Que cuando quieras volver vas a tener las puertas de par en par abiertas y a mi sentada junto en la ventana que da al bar donde solías fumarte los problemas a caladas bien lentas con mis tacones negros y mis labios pintados de rojo pasión, aunque de eso nunca nos faltó.

* Riiiiiiiiiing, riiiiiiiiiiiiiiiing, riiiiiiiiiiiiiing *

Estoy yo ahora como para coger el teléfono. Tengo los ojos tan hinchados y el rímel tan corrido que soy incapaz de abrir los ojos. Y encima a fuera hace tormenta, como aquí dentro. Los relámpagos no paran de cegarme y...
...ya ha dejado de sonar,
 menos mal. 

* Riiiiiiiiiing, riiiiiiiiiiiiiiiing, riiiiiiiiiiiiiing *

Joder, puto teléfono, tengo ganas de estamparlo contra la pared como hago con mis nudillos cuando no tengo ganas ni de mirarme al espejo porque me devuelve de todo menos lo que quiero ver. 

........................................

Esa era la llamada.

Tú eres mucho más que este desastre.

¿Y qué pasa cuando lo único que me llena está a kilómetros de mi? Me siento tan vacía que tengo ganas de abandonar. Hoy es uno de esos días en los que desearía verme medio inconsciente en el suelo. Y eh, que nadie llore por mi. Que hay una frase que dice "es curioso ver que si te estás muriendo, de repente todo el mundo te quiere" y paso de eso. Si nadie me ha querido en vida, cuando esté muerta que ni me recuerden. El privilegio de llorar por mi sólo lo tienen muy pocas personas. Porque os diré un secreto , si ahora mismo me tenéis aquí escribiendo esto y no apunto de tirarme por un puente es por él. Porque justo antes de hacer cualquier tontería, él aparece en mi mente. Parece tan real que hasta puedo abrazarle pero justo cuando estoy a centímetros de tocarle, desaparece. Como ese humo de los canutos que me fumaba al echar de menos con el regusto de sus besos, ahora un poco amargo, se esfumaba. Y eso me recuerda que antes de morir, debo sentirle, debo sentirme la persona más grande del mundo entre sus brazos, aunque no sea por mi altura, debo besarle como nunca nadie le ha besado y debo de hacerle sentir una persona única. Que mi corazón sólo palpita gracias a él y depende de la distancia a la que estemos, sus pulsaciones cambian. Y yo que pensaba que nadie sería capaz de reconstruir este corazón roto y va él con su sonrisa y ya me dan ganas de morir en una carcajada suya. Ya se puede acabar el mundo que yo me pierdo en el café de sus ojos que son una razón más para quitarme el sueño. Nunca se lo he dicho a nadie, pero tengo insomnio de ti. No vamos a engañarnos, sabemos que ninguno de los dos creía en el amor. Ni tú, ni yo. Pero, ¿sabes?, algo sentí en el pecho. Era tu amor, que me curaba. Y ssssh, no le digas esto a nadie, pero de nunca me han gustado los regalos. En cambio, quiero que me regales tu vida (o doce en tu espalda, ya me entiendes). Te aseguro que puedo hacerte feliz. Y es que te prometo que yo estaba loca y que pensaba que no tenía cura y... en cierto modo, es verdad, estoy menos cuerda que antes. Pero ahora estoy loca de algo imaginario y que pensaba que ni existía. Loca de amor. Loca de ti. Quiero emborracharme de tus besos y pillar una resaca de esas malas malas malas... para que me sigas curando, poco a poco. 

Pd: No debería llamarte "mi vida" ya que tú eres mucho más que este desastre y caos.


Juro que nos haremos invencibles.

Y es que intento escribir algo que tenga sentido y es tan complidado. Es complicado escribir algo cuando no paro de pensarte, o de quererte, o de esperarte, o de llamarte, o de imaginarte, o de contemplarte, o incluso de amarte, o de verte, o de llenarte... ¿te preparo un ? Y venga va, te lo acompaño con el verbo que tu quieras.
Por que podría pensarte a todas horas y bueno, a deshoras también.
Porque podría quererte como se quieren los héroes. H de Héroe, o de ti. H de Heroína, o de mi.
Porque podría respirar tu mismo aire y no cansarme nunca de tu olor; al contrario, viciarme a él.
Porque podría besarte durante horas que parecen minutos, semanas que parecen días y siglos que parecen años y seguiría teniendo ganas de ti.
Porque podría estar atada a diez mil cadenas y con sólo darte la mano sentirme libre.
Porque sería capaz de llamarte en número oculto diez veces en una noche tan sólo para escuchar tu "¿diga?" medio apagado a causa del sueño.
Porque podría soñarte cada noche tan sólo para poder verte aunque fuera en sueños. Y aquí es cuando tu dices "yo mataré monstruos por ti" y yo te contesto que no hace falta, que las pesadillas se fueron desde que apareciste tú. 
Porque podría llenarte ese vaso en cuanto lo vieras medio vacío y llenarte a ti. Te haría sentir el chico más especial del mundo.
Porque sería capaz de dar la vuelta al mundo para poder abrazarte por la espalda.


¿Oyes eso, amor?

Justo cuando intento ahogar al desamor con el ron en este maldito bar, empieza a sonar nuestra canción. Ahora ya no es sólo ron lo que bebo pues se ha mezclado con una lágrimas llenas de dolor que consiguieron escapar de mis ojitos tristes tormenta. Los mismos que miraban tu trasero recorrer nuestro pasillo.

Vamos a contarnos mentiras.
Que por unas pocas más...

Voy a empezar por decirte que ya no te quiero.
Luego te diré que mi cama ya no te echa de menos.
Y... venga, que las buenas noches son buenas contigo o sin ti. Mejor sin ti.

¿Qué te parece?
Continuo.

Que tus piernas ya no son mis carreteras preferidas.
Que tu voz ya no es la sinfonía perfecta para mis buenos días.
Y que la velocidad ideal ya no eres tú multiplicada por mis ganas y elevada al cuadrado de verte los tres cientos sesenta y cinco días del año amanecer con esa carita de dormida.
Que ya no sangro los versos que van dedicados a ti y a la imposibilidad de tenerte conmigo aunque sea un instante que podría convertirnos en eternos.
Que ya no tengo miedo de perderte a ti, ni a tus medias rotas, ni a tu sonrisa de idiota.
Que ya no vale la pena esperar la casualidad de que vuelvas por donde te fuiste queriendo escuchar otra vez  las historias de miedo que contaba sobre la curva de tu sonrisa que provocaba accidentes parecidos a la catástrofe que vieron mis ojos al verte marchar.
Que ya no voy a luchar por parar el tiempo justo en el momento que recuerdo tu sonrisa y un segundo después mis labios pegados a ella.

Ya no puedo más. No puedo decirte una sola mentira más. No sé como lo conseguiste tú. Pero yo no puedo dejarte pensar que te estoy olvidando. No puedo soportar hacerme a la idea de que te pierdo, de que te estoy perdiendo.

"No puedo... n... no... no puedo" - se repite.







Que te pires ya de aquí si lo único que quieres hacer es más daño.

¿Volverías?

Si te dijera que te voy a querer como nunca nadie lo ha hecho...


¿Volverías?

Si te dijera que no puedo vivir sin ti...


¿Volverías?

Si te dijera que cada puto minuto te paseas por mis pensamientos sin permiso...


¿Volverías?

Si te dijera que te echo de menos a rabiar...



¿Volverías?

No es orgullo, darling... Ya sabes que prefiero tragármelo todo antes de perderte, de perdernos. 

Si a mi lo único que me echa para atrás es saber que yo ya no te importo... que ya no quieres verme, que no me echas de menos, que ya ni siquiera me quieres, ni me recuerdas. Yo es que, ¿sabes? nadie me ha vuelto a besar como tu. Es más, ya nunca he vuelto a besar con los ojos cerrados, eso es sólo para enamorados. Y es jodido que te lo hayas llevado todo, amor... que no hayas dejado nada. Bueno sí, un cuerpo sin alma... y poco más.

Y es que se que no hay vuelta atrás. Y que rabia me dan los finales sin despedida. Sin últimos besos. Un tren que se ha ido y en teoría tenía que volver, no vuele. Y tu te quedas en el andén. Esperando. Y esperando. Y no, no llega, pequeña. Qué triste que ahora sea yo esa pequeña, eh. Que sentada en el banco de madera vieja dónde han habido tantos besos, te espere... aún sabiendo que no vuelves en el tren de las 5. Ni de las 8. Ni de las 10. Que no volverás. Que no volverás a pasearte descalzo después del polvo de las 11 por el ático. Que no volverás a cantar esa canción con tu jodidamente perfecta voz rota. Vamos, como estoy yo ahora. Que no volverás a ser la primera sonrisa que vea al día, ni el último susurro al irnos a dormir. Que no volverás. No volverás nunca.
Y eso me lo tengo que meter de una puta vez en la cabeza... y corazón, que ya está harto de latir al descompás del tuyo ya que no le haces ni puto caso. 

No volverás.

No volverás.

No volverás.

No volverás.

No volverás...


Y DESAPARECISTE.


Grabándote a fuego para que te conviertas en cenizas.

Y es que creo que no te mereces ni esto.
Ni que te escriba.
Ni que te haga eterno.
No te lo mereces.

Por merecer, no creo ni que te merezcas que te espere. 
Otra vez jodida por un cabrón diferente.
¿No podéis olvidar la idea de hacerme olvidar, olvidarte, olvidarnos...
de nuevo?
Estoy harta de que cojáis mis sentimientos
y los tiréis
uno
a
uno
sin miedo
sin prisa
sin pausa
sin espacio
ni tiempo.

¿Y ahora dime tú
como se juega al escondite sola?
¿Que recompensa me darán si ya no están
tus besos
ni tus abrazos
ni tú?

Ahora lo único que estoy haciendo es sangrar por el tintero aún sabiendo que lo que estoy diciendo está repleto de sin sentidos y no tiene ni pies ni cabeza. Pero dime algo que tenga sentido en la vida si no estás tú. 
Yo me voy al Jardín Botánico que como dijo Mario Benedetti en "a la izquierda del roble" cuando empieza a llover sólo se quedan los fantasmas. Y aquí dentro llueve a mares.


Cuando dije que era muñeca de nadie, también te incluía a ti, darling.

Todo tiene un final.

Todo tiene su final.

Todo tiene su final.

Todo tiene su final.

Todo tiene su final.




¿Salto?

Vamos a subir el volumen por las nubes ya que la autoestima está por los suelos y nuestros sentimientos a bajo cero. Sólo pido que me rescates. Que vengas y me salves, que yo con esto sola no puedo... Que te quiero a mi lado, que tengo miedo... que tengo mucho miedo. Y no el típico miedo que le tengo a la oscuridad sino un miedo de temblar y no querer soltarte. Tengo miedo a perderte. Tengo miedo de que acabes, como todo. Que todo tiene su final, ¿no los oyes? Yo oigo en mi cabeza todo el rato una voz... demasiado fría, cariño; que no para de decirme que te vas a ir y de tantas veces que me lo repite, estoy por creérmelo. Odio a todos y todo. Sólo quiero perderme y encontrarme, o que me encuentres. Mejor un nosotros a un tu y yo, que no quiero ni que esa puta i latina nos separe. Vamos a susurrarte bajito al oído mientras la lluvia araña los cristales del primer piso. No te voy a decir que no tengo miedo a la tormenta porque sabes que empiezo a temblar... pero tal vez hoy, no tiemble por ella. Tal vez hoy, tiemble por ti. 

Por favor, dame la mano. No me sueltes, por favor, no me sueltes...


Háblame en verso.


6 meses antes (de que mi corazón dejara de latir al compás de tus caderas)

Al final va a ser verdad eso de que el mundo gira enverso a ti. Que guías con la constelación que forma tu espalda. Y supongo que lo de tus lunares ya te lo habrá dicho más de un idiota pero te aseguro, que yo soy el idiota que te lo ha dicho queriéndote más. Y te lo puedo prometer, ya que eres la única que hace que pierda el norte, el sur y hasta que la brújula se vuelva loca y empiece a girar por tan sólo ver tu sonrisa.


Y es que sé que en tus pupilas me pierdo y nado por el azul de tus ojos,
y no hay manera humana de sacarme de allí
aunque tu te empeñes en intentar salvarme
una
y otra
y otra vez.

Y es que sé que en tus labios me hallo.
Al igual que hallo lo único que
vale la pena
y ya te digo yo, que no es por tu dulce saliva, mi lady rockera.
Que esto va más allá de los putos versos
que escribes y consiguen
romper
los
largos
silecios.

Y es que sé que en tu pelo me enredo,
tanto como las diferentes formas de quererte
en mi cabeza
o corazón
o lo que queda de él,
quién sabe.




Dame luz y enciéndeme.

La primavera está a la vuelta de la esquina, aunque con el tiempo que hace hoy me recuerda a un día de los de Agosto que sólo tienes ganas de convertirte en rana para no salir del agua. Acabo de llegar con el AVE  Madrid. Fui a Andalucía unos días para visitar a mis abuelos y ya estoy d vuelta. Al bajar del AVE, una brisa me golpea la cara y un olor a Madrid húmedo me viene al sentido. Está todo lleno de gente y en cambio, me siento sola. Soy yo, entre la multitud. Esquivo maletas, salto por encima de equipajes y accidentalmente, choco con un señor que me hace caer al suelo. Al momento, me tiende la mano y me ayuda a levantar. Aún no le he visto el rostro, sólo he podido vislumbrar su sonrisa, su perfecta sonrisa, que no ha desaparecido ni un instante. Noto como una mano me toca el trasero y me giro perpleja para ver quién es el dueño de la mano que ha hecho tal acción. Justamente, es la del señor de sonrisa perfecta que, unos segundos después, desaparece entre el bullicio. Yo sigo atónita e inmóvil, pero decido salir de allí y dirigirme a mi piso. Camino bajo el intenso sol hasta llegar cerca de la puerta del Sol. Entro en mi piso y decido dejar el equipaje en la entrada y tumbarme en el sofá. Estoy demasiado cansada como para sacar la ropa de la maleta. Además, este piso está más vacío desde que él no está. Hace ya dos meses que me dejó por el frío de unas letras. Me dijo que la tristeza era su estilo de vida y no me podría hacer feliz. Que su único amor era Poesía y que ya no me necesitaba a mi como musa. Que no volvería jamás a mirar a Amor a sus ojos verdes y que Frío le haría rehén de por vida. Que de rubia, sólo quería su cerveza y fin. Tíos así, no merecen la pena. Pero no puedo controlar mis sentimientos y es una constante guerramor la que tengo con él y hasta conmigo misma. Echo de menos hasta sus días malos. Hasta nuestras peleas porque luego había la mejor reconciliación del mundo. Él me sobornaba a besos y me hacía ver la vida desde un cielo en el que podías volar sin miedo, porque si te tambaleabas y perdías el equilibrio, él estaba ahí. Estaba, sí. Su nombre siempre va acompañado de un verbo en pasado y sólo me queda resignarme y seguir adelante. Todos dicen que olvidar es difícil y ojalá no hubiese tenido que comprobarlo y además confirmarlo. Yo era la musa de su poesía hasta que descubrí que quería más a Poesía que a mi y os aseguro que duele más que cualquier cosa.

Entre unas cosas y otras ya ni me acordaba del señor de sonrisa perfecta que me tocó el trasero. Deslizo mi mano por encima de él y noto que en uno de los bolsillos hay una tarjeta roja en la que solamente pone el nombre y un e-mail.

" POSITIVO MONTONES
(INVENTOR)

positivom@nadaesimposible.com"

¿Y es que, a quién no le transmite confianza alguien que se llama Positivo y su e-mail contiene un "nada es imposible"?
Decido encender el ordenador rápidamente y entrar en hotmail. Cosas así como esta, sólo lo hacen grandes personas y yo sólo tengo una pregunta: ¿porqué yo? Vamos a ver si ha sido el destino o qué. Pongo su dirección de correo y a continuación escribo:

"Querido Sr. Montones,
¿Porqué yo? No me diga que no sabe de lo que le hablo porque las tarjetas rojas no ha ido a parar sola a mi trasero. Me gustaría poder contactar con usted, deme su dirección.
Abrazos,
Nina."

No han pasado apenas cinco minutos que recibo una contestación:
"Por favor, llámame de tú, que aún soy muy joven con veinte tacos para el usted. Me tomo la libertad de llamarte también de tú.
Como habrás leído me llamo Positivo y soy inventor. Y ahora además, estoy encantado de conocerte, Nina. Mi dirección es Calle Esperanza, número 7. Te espero dentro de media hora.
Un beso."

¿Pero cómo puede ser? Es increíble. ¡Pero si no me conoce de nada! Maldita sea. Tengo que darme prisa, aunque no me pilla muy lejos.
Por el camino voy pensando en lo extraño que me parece todo. Pro es que la curiosidad ha podido conmigo. Tengo ganas de ponerle cara (además, de la sonrisa perfecta) a este inventor. Ya estoy delante de la puerta, pico y me abre un chico alto, moreno y de ojos verdes.

- ¿Positivo? - pregunto yo muy tímidamente.
+ Sí, ese soy yo, Nina - responde él seriamente. Pero al instante sonríe. Y sí, esa es la sonrisa perfecta que vi.
- Encantada - digo yo sonriendo -. ¿Para qué me has hecho venir?
+ Pues... estoy buscando la felicidad.

De todas las respuestas del mundo era la que menos me imaginaba que podía decir. Me quedé alucinada con la ocurrencia de aquel inventor.

- ¿La felicidad?
+ Exacto. Y t necesito.

Esto parecía más una declaración de amor que otra cosa coa.

- Pues déjame pasar y haré lo que pueda - dije sonriente.
+ ¿En serio? ¡Pensé que te negarías! Pasa - dice él soltando una carcajada y abriéndome la puerta.

Entro observando detalladamente y es tal y como la imaginaba amplia y con decoración moderna y de colores vivos.

+ Siéntate que te traigo té.

Me senté y le esperé impaciente. Al llegar él, se sentó a mi lado.

+ Nina, he intentado crear mil veces la felicidad y no he podido - dice cabizbajo. ¿Te imaginas cómo sería ser siempre feliz?
- Sería increíble. Pero... bueno, nada - dijo apartando la mirada.
+ Di, di, no pasa nada.
- Yo sé que es la felicidad.
+ ¿A sí? Por favor, necesito saberlo.
- Sí pero no puedo contarlo. Es un secreto que me dijo mi madre y nunca se lo he revelado a nadie. Antes que nada, quiero saber porque me elegiste a mi.
+ Eres distinta y eso se ve en la mirada . Estabas en medio de feliz y tú en medio.Estabas apagada y te quiero encender. Porque creo que tu quisiste encender a alguien y no funcionó. ¿Me entiendes?
- Sinceramente, no. Explícate - dije yo sorprendida.
+ Has querido encender a alguien y que lo has conseguido. Le has hecho feliz. Pero de tanta luz que le has dado, te ha cegado. Y los dos os habéis apagado. Yo quiero darte luz., Nina. 
- Positivo, no hablas en serio.
+ Sí y estoy más seguro que nunca.

Después de oír eso, creo que debo decirle el secreto para que deje de buscar porque creo que los dos nos estamos buscando.

- El secreto es... que la felicidad se encuentra en nosotros mismos.
+ ¿A sí? Pues yo no la encuentro.
- Sí. Pero nosotros no lo vemos. Sólo la puede ver nuestra otra parte del puzle. Siento que nosotros acabamos el rompecabezas del otro. Quiero que me enciendas y encenderte a ti. Porque la felicidad cuando menos se busca, se encuentra.

Entonces Positivo, saca un mechero y dijo estas palabras que serían el comienzo de algo eterno.

+ Tú. Yo. Y... - encendió el mechero en medio de la oscuridad dando luz - nosotros.



Kiss me hard before you go.

Todos tenemos nuestro lugar en el mundo. Pero puedes tardar toda una vida en encontrarlo, o no. Vuelvo a estar por esa cala casi desierta escondida tras unas rocas. Un paisaje sacado de un cuadro en el que te daban ganas de quedarte a vivir. Ese era mi lugar. Cuando quería perderme, allí iba. Y aunque parezca demasiado irónico, cuando quería encontrarme, empezaba a dar tumbos por Barcelona y curiosamente, siempre acababa allí. A veces, recordar duele pero es necesario. Así que, vamos a echar la vista atrás, aunque sea de reojo, a ese verano del 98.

..............................

Cuando su perfume se mezclaba con el olor a mar y su mirada verde se confundía con el campo, se levantó de la dorada arena mientras el cielo ya oscurecía y se dejaban ver las primeras estrellas y la Luna empezó a asomarse para dejar huella con su reflejo en el mar. Se sentó a mi lado, encima de la toalla de rallas de la gama de rosas que me regaló mi hermana el año pasado. Yo seguía tumbada indiferente a él y a su sonrisa de idiota que embobaba hasta a la Luna. Se tumbó junto a mi mirando las estrellas que esta noche parecían vestirse de gala más brillantes que nunca como si de una ocasión especial se tratara. Yo seguía mirando el cielo cuando de repente le escuché susurrar algo.

"Do you believe in magic?..." - tarareó susurrando con la voz más dulce que muchos años después descubriría que sería la más bonita que jamás podría oír.
- Pues, sinceramente, no lo sé... - dije con poca importancia mientras seguía mirando el cielo. Se giró hacia mi sin saber a qué me refería.
+ ¿El qué no sabes? No sé a que viene eso... - me replicó.
- Pues lo que te digo, que no lo sé. Acabas de preguntar "Do you believe in magic?" y si no me falla mi inglés, has preguntado si creo en la magia.
+ Nina, es sólo una canción tonta...
- ¿Sabes?, yo siempre he relacionado la magia, con los deseos. Y no sé si creo o no.
+ ¿Por qué? Yo aún me acuerdo de cuando fuimos a ver a ese famoso mago que hizo un número asombroso y todos los que habían en aquella sala intentaban averiguar el truco y tu dijiste con tono firme y lo suficientemente elevado como para que todos lo oyeran que eso era magia, sólo magia... que no tenía truco. Que no se esforzaran, que la magia no tiene ni explicación ni sentido. Simplemente, está ahí fuera esperando que alguien crea en ella para dejarse ver y sobretodo, sentir; dejarse sentir. ¿Qué te ha pasado, mi querida Nina? ¿Por qué ya no crees ni en la magia ni en los deseos?
- Dejas de creer, cuando llevas demasiado tiempo pidiendo un deseo y nunca se cumple.
+ Tienes toda tu vida, Nina. Puede ser que ese deseo no se cumpla ahora, pero sí después, ¿no crees?
- Yo ya no creo en nada. Por no creer, no creo ni en mi misma.
+ Pero, Nina, es sólo un deseo. Puede que los demás se cumplan.
- Sólo tengo dos deseos. Uno es imposible y el otro deseo... demasiado difícil.
+ Bueno, ahora como ya no crees en ellos, no ye importará decírmelos  ¿no? - dijo arqueando una ceja siendo consciente de que metía el dedo en la herida.
- No. No me importa decirlo... El deseo imposible, es volar. Poder tocar las estrellas y dar paseos por la Luna. Elevarme hasta las nubes cuando me sintiera sola y sentir como el sonido del viento balancea mi pelo café intenso.
+ ¿Y el otro? Me pareció que dijiste que eran dos. 
- El otro es una tontería. - me sonrojé y empecé a temblar. La excusa que dije es que tenía frío aunque estábamos en pleno Agosto y de frío más bien poco. ¿Cómo le dices a alguien que tu deseo es él?
+ Ya, claro... Seguro que es una tontería sonrojándote de ese modo - ¡Jo! Yo y mis mofletes, ¿eh? Siempre me delatan...
-  Tú. - Dije con una gota de aliento y susurrando. Clavé mi mirada de nuevo en el cielo y él se incorporó.
+ ¿Yo? - preguntó mientras sus ojos se entraban perdidos en el horizonte donde el mar parecía tragarse poco a poco a la Luna. 
- Tú. - Dije ahora más firmemente aunque con la voz rota.
- Yo podría hacer realidad tus dos deseos, pero claro... ya no crees en ellos. Y sino crees en ellos, es imposible que se cumplan.

Yo al escuchar eso, se me disparó la sonrisa en automático. Mis ojos brillaban casi tanto como las estrellas. Nunca había sentido esa electricidad que tienen dos imanes de polos distintos pero que se atraen. ¿Y si estamos hechos para sólo poder vivir si el uno estaba al lado del otro?

+ Yo he dicho que no sabía si creía o no... Aún estoy a tiempo, ¿no? - si de algo me caracterizo es de siempre llegar tarde a todo pero, por una vez, tenía esperanzas. Yo sólo intentaba que él cumpliera mis deseos. 
- Tranquila, Nina, que te los iba a cumplir igual, ¿eh?

Entonces, él se acercó a mi, poco a poco hasta que se quedó a dos milímetros mirando fijamente mis ojos pardos. Cuando de repente, cuando apenas faltaba un suspiro para que nuestros labios se juntasen, se oyó un grito a lo lejano.

"¡Eeeeeeh!, ¡ven ya, que es tarde y mañana madrugas!"

Era su madre, que en ese momento se convirtió en la mujer más inoportuna del mundo.
Él se alejó un poco de mi rostro pero seguía mirándome a los ojos. Como si viera algo a través de ellos.

- Me tengo que ir - dijo. 
+ Te vas sin cumplir mis deseos... - repliqué.
- Mañana nos vemos, Nina. Y si te parece bien, podemos continuar por donde lo dejamos, ¿vale?
+ Vale. ¿Me lo prometes? - Yo nunca prometía ni hacía prometer. Porque para mi las promesas son muy importantes y sólo prometo o hago prometer cuando se trata de algo especial.
- Te lo prometo - dijo con su sonrisa que me volvía menos cuerda de lo habitual. Y se alejó hacía donde se encontraba su madre.

A la mañana siguiente, fui a la hora de siempre, en el lugar de siempre para encontrarme con él. Lo esperé más de dos horas junto a la roca grande de la cala pero no apareció y decidí ir a nuestro escondite, que éramos los únicos que lo conocíamos. Él no estaba pero en cambio sí que pude vislumbrar en el medio de la cueva, justo debajo de un haz de luz que entraba por una claraboya del techo, una botella de la Coca-Cola con un papel en su interior. Me acerqué hasta el centro y estuve un minuto discutiendo contra mi misma si debía abrirla o no, pero la curiosidad pudo conmigo. Abrí la botella, saqué el papel y susurrando leí lo siguiente.

" Nina, mi pequeña princesa Nina;

Lo siento.
He empezado mil veces esta carta que sé que será la más difícil que jamás escribiré. No sabía como empezarla y creo que con un "lo siento", estaría bien. 
Repito, lo siento. Siento haber roto nuestra promesa. Siento no haberte cumplido tus dos deseos. Nina, no creas que me he ido por gusto y que no he aparecido hoy porque no he querido... Si piensas así, te equivocas. Quería despedirme de ti en persona pero no me han dejado. Me he ido de la ciudad. Por favor, no llores. Mi madre me lo dijo ayer por la noche y nos fuimos de madrugada. No me dejaba ir a buscarte y contártelo, pero no me podía ir sin despedirme, así que aunque sea de esta forma, creo que lo merecías saber. 
Quiero que sepas que te echaré de menos. Que aunque no me atreviera a decirte lo que siento por ti, no significa que no lo sintiera porque... Nina, yo te amaba. Te amaba, te amo y te amaré. Mis padres me han dicho que nunca jamás volveremos a este lugar, me han dicho que pase página, te olvide y siga adelante. Pero no puedo. No puedo olvidar a mi Nina. Así que volveré. No sé cuándo y sé que no será pronto. No te pido que me esperes ya que no sé si estás enamorada de mi pero, si es así, espérame, por favor. Si estamos hechos para estar el uno con el otro, el destino nos volverá a unir,  Nina. De eso estoy seguro. Hazme un favor; no llores... que si borramos esa sonrisa que nos da luz, nos quedaremos a oscuras. Te echaré de menos, mi Nina. Te echaré mucho de menos. Te quiero.

Hasta pronto."


La curiosidad mató al gato... y de igual forma me mató a mi. 
Y todos rotos. Yo, él y nuestra promesa.
¿Cómo puede pedir que no llore? Es imposible. Le esperaré. Por mucho tiempo que pase, lo haré.


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Esta entrada está dedicada especialmente a mi princesa Tana. Cuando encuentras a una persona tan especial como ella lo es para mi, se merece las mejores historias para irse a dormir.

En ruinas por ti.

Te he dejado el privilegio de romperme durante no-sé-cuánto tiempo. He dejado que dieras los portazos que quisieras sin saber cuál sería el último. He dejado que golpeases con los nudillos la pared rompiendo así mi corazón en mil pedazos. Y fíjate qué tonto es, que aún te sigue amando con cada uno de ellos. He dejado que te mezclases en otras sábanas y he dejado que te enredases en otro pelo por miedo a perder lo poco que me dabas de ti. He pasado demasiadas noches llorando porque me dejabas con la cena y dos velas encendidas que se iban consumiendo casi tan rápido como yo. He dejado que mi sitio preferido de las caricias tuviera telarañas y he dejado que escribieses esas cartas de "amor" en las que solamente ponías una fecha, hora y hotel. Mírame a los ojos y si tienes cojones dime que no ves la retina desgastada de tantas lágrimas de mar que han pasado por aquí. Mira estas ojeras, joder, míralas bien porque si te acercas podrás percibir tu nombre en pequeñito justo en ellas. He dejado que pagaras tus días malos conmigo aún sabiendo que yo no tenía la culpa. ¿Y tu qué me has dado? Dime qué coño me has dado. Lo único que has hecho es dejar que me enganchase a ti, me has dejado un hueco en la cama solamente porque estaba un poco fría y demasiado vacía y las llaves de tu piso. Una se cansa de estar ciega de amor y que la persona a la que ama sólo esté ciega cuando va por el cuarto vodka. He tardado quizás demasiado en darme cuenta de tus mentiras. Pero sigo en pie, aun que sea en ruinas y con un par de cicatrices malcuradas o incurables, vete tú a saber. 

Pero si algo he aprendido es que nunca es tarde para empezar a vivir y dejar de sobrevivir. Y ahora es mi momento.

Tu función ha terminado.