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Desorden.

Huye.
Está corriendo en plena noche y nadie sabe hacia dónde.
Ni siquiera ella.
                                                                    
Sigue huyendo.

Y es que nadie le explicó, como huir si tú mismo eres tu enemigo.
Como deshacerte de ti.
Nadie nos enseña a querernos, pero tampoco a odiarnos. La pena es, que a odiarnos aprendemos solos.

Está harta de dar vueltas por la calle dejando que los semáforos en rojo sean los únicos que la paren.

Recupera aliento. 

Se sienta en el primer banco que encuentra y la farola clava su haz de luz en sus pupilas mientras ella mira las estrellas deseando ser una de ellas. Decide volver a casa recorriendo sus pasos a la inversa pero esta vez mirando como las luces de las habitaciones de los pisos se van apagando una a una y poco a poco. 

Una vez en casa, encuentra a su madre en el sofá leyendo el diario de hace una semana y con su típico tic nervioso en la pierna derecha que marca el ritmo de las agujas del reloj. Justamente el cuco marca las dos de la mañana.


(Cucú, cucú, cucú...)

+ ¿Dónde te habías metido? ¿Quién te crees que eres para desaparecer así?
- Mamá, déjame, son las dos de la madrugada. Acuéstate.

+ ¿Qué me acueste? ¿Pero tu estás tonta, niña? Soy tu madre y creo que me merezco unas explicaciones, ¿no?
- Estoy cansada. Mañana hablamos, me voy a dormir. Buenas noches. - Y antes de que a su madre le diera tiempo a rechistar, ella se encerró en el baño.


Se sienta en la taza del váter con la cabeza apoyada entre las piernas y las manos sujetándola. Se repite a si misma un no llores entrecortado. Decide ponerse frente al espejo. Se levanta la camiseta y suspira. Brota una lágrima salada que muere en la comisura de su labio. Se mira fijamente, con hastío. Teme levantar la mirada por miedo a lo que puede encontrarse. Por fin, decide quedarse en ropa interior y mirar de reojo su silueta en el espejo. Y aquí las lágrimas ya no cesan. Qué cosas, eh.

+ Eh...
- ...
+ Te odio.
- ...
+ ¿No vas a decir nada o qué? Puta foca. Das asco, mírate. Sí, va, ahora arrepiéntete de la jodida pizza que te has comido. Te duelen las verdades, eh pequeña, ¿te duelen? Pues no comas. No sirves ni para cerrar la boca, idiota - dice mientras baja la mirada.

Es muy jodido ser tu propio enemigo. Es una jodida pesadilla desearle la muerte a la persona que ves en el espejo. Un día me tendré tantas ganas que me dejaré los nudillos rompiendo mi reflejo en mil pedazos.



00:03.

Ayer después de hablar contigo imaginé que volvíamos a ser lo que un día fuimos. Ya me viene al sentido aquella olor a madera vieja de nuestro pisito en Madrid. Tu trenza era nuestros destinos entrelazados hasta unirse, como se unió nuestro corazón a latir al mismo ritmo que aquella canción de Rock que marcó la historia. Aquel invierno que de frío no tenía nada porque cada día yo aún estaba a tu lado. Busco el calor de tu mirada en otros ojos pero ningunos son tan azul mar como los tuyos. Mi vida se ha vuelto una escala de grises desde que decidiste no dejar nunca más tus tacones recorrer mi piso. Rompí tu corazón sin percatarme de que yo vivía dentro y de que, tarde o temprano, echaría de menos el sabor de tus labios rojo pasión que al pasar la noche juntos de rojo no tenían nada pero que conservaban cada pizca de pasión que hubo hasta el momento. Por la noche, cada una de las estrellas que se posaban sobre nuestras cabezas, tenían envidia de la luz que desprendía tu sonrisa. No sabes cuanto me arrepiento yo de haber convertido esos ojitos mar en unos ojitos tristes tormenta. El reloj se ha parado eternamente a las doce y tres de la madrugada, la misma hora en la que salisteis por la puerta tú y tu minifalda de cuero negra. De ser el propietario de tu sonrisa pasé a ser el de tus ojeras. Si hace falta me pasaré día y noche recomponiendo este corazón tuyo que destruí como un animal. Es pecado capital esto de haber girado tu sonrisa y haber hecho llover en tu mirada. Y es que no supe ver que sin apenas unas monedas en el bolsillo era el tipo más afortunado en el mundo por tenerte. Eras el terremoto que pasaba por mi habitación para amanecer enredada en mis sábanas tanto como tu pelo color chocolate. Ayer después de hablar contigo me volví a romper. Ayer al oírte llorar y gritar volví a preferir los silencios eternos en la penumbra. Quiero volver a ser el propietario de tu sonrisa media Luna. Quiero volver a tener tu risa como banda sonora. Quiero despertar sabiendo que me has preparado café y unos buenos besos para desayunar. Después de todo, no puedo obligarte a estar a mi lado. Pero aún así quiero que sepas que eres una ocupa corazones y que eres cliente habitual en esto de pasarte por mis sueños. No voy a hacerte promesas absurdas que quizá nunca pueda llegar a cumplir pero te echo de menos y quiero que vuelvas.
Por que mira que hay tontos enamorados en este mundo y mundos que enamoran a dos tontos y créeme que  tu eres mi mundo y yo soy tu tonto enamorado.