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En ruinas por ti.

Te he dejado el privilegio de romperme durante no-sé-cuánto tiempo. He dejado que dieras los portazos que quisieras sin saber cuál sería el último. He dejado que golpeases con los nudillos la pared rompiendo así mi corazón en mil pedazos. Y fíjate qué tonto es, que aún te sigue amando con cada uno de ellos. He dejado que te mezclases en otras sábanas y he dejado que te enredases en otro pelo por miedo a perder lo poco que me dabas de ti. He pasado demasiadas noches llorando porque me dejabas con la cena y dos velas encendidas que se iban consumiendo casi tan rápido como yo. He dejado que mi sitio preferido de las caricias tuviera telarañas y he dejado que escribieses esas cartas de "amor" en las que solamente ponías una fecha, hora y hotel. Mírame a los ojos y si tienes cojones dime que no ves la retina desgastada de tantas lágrimas de mar que han pasado por aquí. Mira estas ojeras, joder, míralas bien porque si te acercas podrás percibir tu nombre en pequeñito justo en ellas. He dejado que pagaras tus días malos conmigo aún sabiendo que yo no tenía la culpa. ¿Y tu qué me has dado? Dime qué coño me has dado. Lo único que has hecho es dejar que me enganchase a ti, me has dejado un hueco en la cama solamente porque estaba un poco fría y demasiado vacía y las llaves de tu piso. Una se cansa de estar ciega de amor y que la persona a la que ama sólo esté ciega cuando va por el cuarto vodka. He tardado quizás demasiado en darme cuenta de tus mentiras. Pero sigo en pie, aun que sea en ruinas y con un par de cicatrices malcuradas o incurables, vete tú a saber. 

Pero si algo he aprendido es que nunca es tarde para empezar a vivir y dejar de sobrevivir. Y ahora es mi momento.

Tu función ha terminado. 

Inundando mi habitación.

Mírala, sigue en el sofá con sus mares cerrados,
sigue dormida ya que ayer se acostó con éstos irritados.

Es normal tener esos ojos grises tormenta,
después de perder algo que creías tuyo,
se va
y no viene de vuelta.

Le duele menos la cabeza que el corazón,
sólo tiene ganas de meterse en su triste habitación.

Cuánto odio acumulado,
sólo tiene ganas de gritar que todo ha terminado.

Cuántas ganas de perderse,
despedirse y nunca volver a verse.