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Dame luz y enciéndeme.

La primavera está a la vuelta de la esquina, aunque con el tiempo que hace hoy me recuerda a un día de los de Agosto que sólo tienes ganas de convertirte en rana para no salir del agua. Acabo de llegar con el AVE  Madrid. Fui a Andalucía unos días para visitar a mis abuelos y ya estoy d vuelta. Al bajar del AVE, una brisa me golpea la cara y un olor a Madrid húmedo me viene al sentido. Está todo lleno de gente y en cambio, me siento sola. Soy yo, entre la multitud. Esquivo maletas, salto por encima de equipajes y accidentalmente, choco con un señor que me hace caer al suelo. Al momento, me tiende la mano y me ayuda a levantar. Aún no le he visto el rostro, sólo he podido vislumbrar su sonrisa, su perfecta sonrisa, que no ha desaparecido ni un instante. Noto como una mano me toca el trasero y me giro perpleja para ver quién es el dueño de la mano que ha hecho tal acción. Justamente, es la del señor de sonrisa perfecta que, unos segundos después, desaparece entre el bullicio. Yo sigo atónita e inmóvil, pero decido salir de allí y dirigirme a mi piso. Camino bajo el intenso sol hasta llegar cerca de la puerta del Sol. Entro en mi piso y decido dejar el equipaje en la entrada y tumbarme en el sofá. Estoy demasiado cansada como para sacar la ropa de la maleta. Además, este piso está más vacío desde que él no está. Hace ya dos meses que me dejó por el frío de unas letras. Me dijo que la tristeza era su estilo de vida y no me podría hacer feliz. Que su único amor era Poesía y que ya no me necesitaba a mi como musa. Que no volvería jamás a mirar a Amor a sus ojos verdes y que Frío le haría rehén de por vida. Que de rubia, sólo quería su cerveza y fin. Tíos así, no merecen la pena. Pero no puedo controlar mis sentimientos y es una constante guerramor la que tengo con él y hasta conmigo misma. Echo de menos hasta sus días malos. Hasta nuestras peleas porque luego había la mejor reconciliación del mundo. Él me sobornaba a besos y me hacía ver la vida desde un cielo en el que podías volar sin miedo, porque si te tambaleabas y perdías el equilibrio, él estaba ahí. Estaba, sí. Su nombre siempre va acompañado de un verbo en pasado y sólo me queda resignarme y seguir adelante. Todos dicen que olvidar es difícil y ojalá no hubiese tenido que comprobarlo y además confirmarlo. Yo era la musa de su poesía hasta que descubrí que quería más a Poesía que a mi y os aseguro que duele más que cualquier cosa.

Entre unas cosas y otras ya ni me acordaba del señor de sonrisa perfecta que me tocó el trasero. Deslizo mi mano por encima de él y noto que en uno de los bolsillos hay una tarjeta roja en la que solamente pone el nombre y un e-mail.

" POSITIVO MONTONES
(INVENTOR)

positivom@nadaesimposible.com"

¿Y es que, a quién no le transmite confianza alguien que se llama Positivo y su e-mail contiene un "nada es imposible"?
Decido encender el ordenador rápidamente y entrar en hotmail. Cosas así como esta, sólo lo hacen grandes personas y yo sólo tengo una pregunta: ¿porqué yo? Vamos a ver si ha sido el destino o qué. Pongo su dirección de correo y a continuación escribo:

"Querido Sr. Montones,
¿Porqué yo? No me diga que no sabe de lo que le hablo porque las tarjetas rojas no ha ido a parar sola a mi trasero. Me gustaría poder contactar con usted, deme su dirección.
Abrazos,
Nina."

No han pasado apenas cinco minutos que recibo una contestación:
"Por favor, llámame de tú, que aún soy muy joven con veinte tacos para el usted. Me tomo la libertad de llamarte también de tú.
Como habrás leído me llamo Positivo y soy inventor. Y ahora además, estoy encantado de conocerte, Nina. Mi dirección es Calle Esperanza, número 7. Te espero dentro de media hora.
Un beso."

¿Pero cómo puede ser? Es increíble. ¡Pero si no me conoce de nada! Maldita sea. Tengo que darme prisa, aunque no me pilla muy lejos.
Por el camino voy pensando en lo extraño que me parece todo. Pro es que la curiosidad ha podido conmigo. Tengo ganas de ponerle cara (además, de la sonrisa perfecta) a este inventor. Ya estoy delante de la puerta, pico y me abre un chico alto, moreno y de ojos verdes.

- ¿Positivo? - pregunto yo muy tímidamente.
+ Sí, ese soy yo, Nina - responde él seriamente. Pero al instante sonríe. Y sí, esa es la sonrisa perfecta que vi.
- Encantada - digo yo sonriendo -. ¿Para qué me has hecho venir?
+ Pues... estoy buscando la felicidad.

De todas las respuestas del mundo era la que menos me imaginaba que podía decir. Me quedé alucinada con la ocurrencia de aquel inventor.

- ¿La felicidad?
+ Exacto. Y t necesito.

Esto parecía más una declaración de amor que otra cosa coa.

- Pues déjame pasar y haré lo que pueda - dije sonriente.
+ ¿En serio? ¡Pensé que te negarías! Pasa - dice él soltando una carcajada y abriéndome la puerta.

Entro observando detalladamente y es tal y como la imaginaba amplia y con decoración moderna y de colores vivos.

+ Siéntate que te traigo té.

Me senté y le esperé impaciente. Al llegar él, se sentó a mi lado.

+ Nina, he intentado crear mil veces la felicidad y no he podido - dice cabizbajo. ¿Te imaginas cómo sería ser siempre feliz?
- Sería increíble. Pero... bueno, nada - dijo apartando la mirada.
+ Di, di, no pasa nada.
- Yo sé que es la felicidad.
+ ¿A sí? Por favor, necesito saberlo.
- Sí pero no puedo contarlo. Es un secreto que me dijo mi madre y nunca se lo he revelado a nadie. Antes que nada, quiero saber porque me elegiste a mi.
+ Eres distinta y eso se ve en la mirada . Estabas en medio de feliz y tú en medio.Estabas apagada y te quiero encender. Porque creo que tu quisiste encender a alguien y no funcionó. ¿Me entiendes?
- Sinceramente, no. Explícate - dije yo sorprendida.
+ Has querido encender a alguien y que lo has conseguido. Le has hecho feliz. Pero de tanta luz que le has dado, te ha cegado. Y los dos os habéis apagado. Yo quiero darte luz., Nina. 
- Positivo, no hablas en serio.
+ Sí y estoy más seguro que nunca.

Después de oír eso, creo que debo decirle el secreto para que deje de buscar porque creo que los dos nos estamos buscando.

- El secreto es... que la felicidad se encuentra en nosotros mismos.
+ ¿A sí? Pues yo no la encuentro.
- Sí. Pero nosotros no lo vemos. Sólo la puede ver nuestra otra parte del puzle. Siento que nosotros acabamos el rompecabezas del otro. Quiero que me enciendas y encenderte a ti. Porque la felicidad cuando menos se busca, se encuentra.

Entonces Positivo, saca un mechero y dijo estas palabras que serían el comienzo de algo eterno.

+ Tú. Yo. Y... - encendió el mechero en medio de la oscuridad dando luz - nosotros.



1 comentario:

  1. ...traigo
    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    SUSURRO

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE EXCALIBUR, DJANGO, MASTER AND COMMANDER, LEYENDAS DE PASIÓN, BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC…

    José
    Ramón...


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