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Juro que nos haremos invencibles.

Y es que intento escribir algo que tenga sentido y es tan complidado. Es complicado escribir algo cuando no paro de pensarte, o de quererte, o de esperarte, o de llamarte, o de imaginarte, o de contemplarte, o incluso de amarte, o de verte, o de llenarte... ¿te preparo un ? Y venga va, te lo acompaño con el verbo que tu quieras.
Por que podría pensarte a todas horas y bueno, a deshoras también.
Porque podría quererte como se quieren los héroes. H de Héroe, o de ti. H de Heroína, o de mi.
Porque podría respirar tu mismo aire y no cansarme nunca de tu olor; al contrario, viciarme a él.
Porque podría besarte durante horas que parecen minutos, semanas que parecen días y siglos que parecen años y seguiría teniendo ganas de ti.
Porque podría estar atada a diez mil cadenas y con sólo darte la mano sentirme libre.
Porque sería capaz de llamarte en número oculto diez veces en una noche tan sólo para escuchar tu "¿diga?" medio apagado a causa del sueño.
Porque podría soñarte cada noche tan sólo para poder verte aunque fuera en sueños. Y aquí es cuando tu dices "yo mataré monstruos por ti" y yo te contesto que no hace falta, que las pesadillas se fueron desde que apareciste tú. 
Porque podría llenarte ese vaso en cuanto lo vieras medio vacío y llenarte a ti. Te haría sentir el chico más especial del mundo.
Porque sería capaz de dar la vuelta al mundo para poder abrazarte por la espalda.


¿Oyes eso, amor?

Justo cuando intento ahogar al desamor con el ron en este maldito bar, empieza a sonar nuestra canción. Ahora ya no es sólo ron lo que bebo pues se ha mezclado con una lágrimas llenas de dolor que consiguieron escapar de mis ojitos tristes tormenta. Los mismos que miraban tu trasero recorrer nuestro pasillo.

Vamos a contarnos mentiras.
Que por unas pocas más...

Voy a empezar por decirte que ya no te quiero.
Luego te diré que mi cama ya no te echa de menos.
Y... venga, que las buenas noches son buenas contigo o sin ti. Mejor sin ti.

¿Qué te parece?
Continuo.

Que tus piernas ya no son mis carreteras preferidas.
Que tu voz ya no es la sinfonía perfecta para mis buenos días.
Y que la velocidad ideal ya no eres tú multiplicada por mis ganas y elevada al cuadrado de verte los tres cientos sesenta y cinco días del año amanecer con esa carita de dormida.
Que ya no sangro los versos que van dedicados a ti y a la imposibilidad de tenerte conmigo aunque sea un instante que podría convertirnos en eternos.
Que ya no tengo miedo de perderte a ti, ni a tus medias rotas, ni a tu sonrisa de idiota.
Que ya no vale la pena esperar la casualidad de que vuelvas por donde te fuiste queriendo escuchar otra vez  las historias de miedo que contaba sobre la curva de tu sonrisa que provocaba accidentes parecidos a la catástrofe que vieron mis ojos al verte marchar.
Que ya no voy a luchar por parar el tiempo justo en el momento que recuerdo tu sonrisa y un segundo después mis labios pegados a ella.

Ya no puedo más. No puedo decirte una sola mentira más. No sé como lo conseguiste tú. Pero yo no puedo dejarte pensar que te estoy olvidando. No puedo soportar hacerme a la idea de que te pierdo, de que te estoy perdiendo.

"No puedo... n... no... no puedo" - se repite.







Que te pires ya de aquí si lo único que quieres hacer es más daño.

¿Volverías?

Si te dijera que te voy a querer como nunca nadie lo ha hecho...


¿Volverías?

Si te dijera que no puedo vivir sin ti...


¿Volverías?

Si te dijera que cada puto minuto te paseas por mis pensamientos sin permiso...


¿Volverías?

Si te dijera que te echo de menos a rabiar...



¿Volverías?

No es orgullo, darling... Ya sabes que prefiero tragármelo todo antes de perderte, de perdernos. 

Si a mi lo único que me echa para atrás es saber que yo ya no te importo... que ya no quieres verme, que no me echas de menos, que ya ni siquiera me quieres, ni me recuerdas. Yo es que, ¿sabes? nadie me ha vuelto a besar como tu. Es más, ya nunca he vuelto a besar con los ojos cerrados, eso es sólo para enamorados. Y es jodido que te lo hayas llevado todo, amor... que no hayas dejado nada. Bueno sí, un cuerpo sin alma... y poco más.

Y es que se que no hay vuelta atrás. Y que rabia me dan los finales sin despedida. Sin últimos besos. Un tren que se ha ido y en teoría tenía que volver, no vuele. Y tu te quedas en el andén. Esperando. Y esperando. Y no, no llega, pequeña. Qué triste que ahora sea yo esa pequeña, eh. Que sentada en el banco de madera vieja dónde han habido tantos besos, te espere... aún sabiendo que no vuelves en el tren de las 5. Ni de las 8. Ni de las 10. Que no volverás. Que no volverás a pasearte descalzo después del polvo de las 11 por el ático. Que no volverás a cantar esa canción con tu jodidamente perfecta voz rota. Vamos, como estoy yo ahora. Que no volverás a ser la primera sonrisa que vea al día, ni el último susurro al irnos a dormir. Que no volverás. No volverás nunca.
Y eso me lo tengo que meter de una puta vez en la cabeza... y corazón, que ya está harto de latir al descompás del tuyo ya que no le haces ni puto caso. 

No volverás.

No volverás.

No volverás.

No volverás.

No volverás...


Y DESAPARECISTE.