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28 cosas que me gustan de ti.

1. Me gusta que me beses el cuello. Me haces cerrar los ojos y dejarme llevar.
2. Me gusta cuando nos peleamos por quién quiere más a quién. Me gusta que entre cada "yo más" me beses para que me calle. Y lo consigues, haces que me calle porque me haces olvidar todo. Hasta que vuelvo a reaccionar y recordar que estábamos peleando, ¡y yo te quiero más!
3. Me gusta tu risa y tu voz, aunque sé que tú la odias... ¡Joder! Quiero que tus susurros sean las primeras palabras que escuche al despertar.
4. Me gustan encantan tus ojos. Ese color marrón clarito, tirando a miel... Que sí, que los ojos marrones provocan un insomnio de cojones pero el tuyo, el tuyo hace muchísimo más que eso. Y te prometo que cuando fijas tu pupila en la mía, desearía que el mundo se parara. Y quedarme en ese instante, congelada.
5. Me gusta que te den pánico las abejas, avispas o bichajos de esos raros. Piénsalo, así podremos huir juntos.
6. Me gusta tu olor. Tienes una olor muy tuya que me encanta. No se puede describir pero te aseguro que si algún día, por cosas de la vida, noto esa olor cerca, la relacionaré al instante contigo.
7. Me gusta cuando me agarras la mano y me aferras a ti. Parece que estés diciendo a todos que soy tuya y que me vas a proteger pase lo que pase. Algo así como un "eh, yo te cuido, pequeña".
8. Me gusta que no me llames "mi vida". No creo que sea por la misma razón que por la que yo no te lo llamo nunca. Pero es que mi vida es puro caos y tú eres mucho más que este desastre.
9. Me gusta cuando te hago cosquillas y sales corriendo. Y parece que te persiga un fantasma y yo me muero de risa. ¿Ves? Si es que las risas que salen de más a dentro de mi ser, sólo me las consigues sacar tú. Me gusta gusta cuando me haces cosquillas. Pero al revés que tú, no soy de salir corriendo porque prefiero revolcarme en tus brazos, como una niña pequeña. Y es que al fin y al cabo, soy eso, tú pequeña.
10. Me gusta pasar tardes enteras contigo. Y ojalá, que no tuviera que pasar tanto tiempo para poder volver a verte. Ojalá que no hubiera distancia y vivieras bajo mi mismo techo, bajo mis mismas sábanas.
11. Me gusta cuando me escribes cualquier cosa. Ya sea largo, corto, una frase, un texto, una pequeña sorpresa... Lo que sea. Adoro que la gente pierda tiempo por mi, escribiéndome algo que le ha salido de dentro y que sólo es para mi. Que yo soy la dueña de eso y nadie nunca más lo podrá ser. Es algo único que haces para mi y oye, que yo sólo escribo porque a quién escribo lo hago eterno. ¿Y si tú lo haces por la misma razón? Me encanta.
12. Me gusta que escuches mis problemas. Y que sepas decir las palabras adecuadas y salvarme. Porque siempre me salvas y de eso te estoy muy agradecida.
13. Me gusta que me hagas bailar en medio del supermercado. Me gusta que me hagas dar tres vueltas seguidas mientras caminamos por un pasillo diminuto y a lo lejos se oiga una voz diciendo que voy a tirar las latas de los estantes. Pero no las tiro, no sé si será porque tengo el ritmo o porque guías bien. Yo apuesto por lo segundo.
14. Me gusta la música que escuchas.
15. Me gusta tu sinceridad. 
16. Me gusta quererte y que me quieras.
17. Me gusta como vistes.
18. Me gusta que seas diferente. Así podemos ser diferentes juntos.
19. Me gusta que creas en las casualidades.
20. Me gusta tu forma de cuidarme, de protegerme, de decirme que aunque los demás me fallen, tú siempre estarás ahí.
21. Me gusta poder presumir de ti.
22. Me gusta dar envidia a las demás. 
23. Me gusta que seas tan amigo de tus amigos. Que siempre hables bien de ellos y los apoyes.
24. Me gusta que me entiendas también, o que por lo menos lo intentes. Creo que no hay nada más bonito que encontrar a alguien que quiera entenderte. Porque encontrar a alguien que te entienda es muy difícil. Pero encontrar a alguien que quiera entenderte, es una de las cosas más bonitas.
25. Me gusta hablar de cosas que nos gustaría hacer juntos.
26. Me gusta la forma en la que nos despedimos. Nos cuesta tanto decir 'adiós'...
27. Me gusta la confianza mutua que nos tenemos.
28. Me gusta que 28 cosas se me queden cortas para decir todo lo que me gusta de ti.


Hogar está dónde estás tú.



He creído verte correr por las calles desgastadas de este otoño que hace mella, como si de nuestro invierno a mecheros sin gas se tratara. Tan frío, como casi tus manos y digo casi porque nadie más me ha helado el corazón con sólo un puto roce, nena. ¿Qué quieres que haga un pobre como yo sin un hogar como tú? Porque espero que recuerdes eso de que el hogar está dónde estás tú y tú te fuiste y me he quedado sin cama, sin casa y, ¿qué hacemos con el perro?

He creído verte correr y he salido detrás tuyo en plan busca y captura pero para sólo encontrarte y pedirte explicaciones, yo te quiero viva que sin ti me muero y ya que me he quedado sin cama, sin casa y no sé si sin perro... Compréndeme, no quiero quedarme sin vida, sin ti.

Yo que ahora haría el amor en tu espalda en verso y me tengo que conformar con pasear solo por donde no hace mucho lo hacía de tu mano. Mi niña caprichosa, siempre consigues lo que quieres, ¿eh? Y yo no te creí y mira dónde he acabado. Y sobre todo, mira cómo he acabado. ¿Te acuerdas de aquel invierno que no se podía salir a la calle sin un gorro de lana de los grados bajo cero que habían? Y tú estabas ahí, para darme calor... Y qué calores me entraban al ver tus curvas. Eh, pero ninguna provocaba tantos putos accidentes como tu jodida sonrisa, nena. 




Huracanes en el pecho.

Podría tararearte al oído noventa y siete veces las notas de nuestra canción. Justo noventa y siete, los días que tardé en poder ver esa sonrisa tan tuya, esos ojitos tan café... Justo noventa y siete días desde que te conocí, por casualidades de la vida, por casualidades grandes, casualidades bonitas. 
Quererte bajito. Que me he puesto a bailar un vals de dos en nuestra estación una vez te fuiste y la lluvia me ha pillado sin paraguas y he dejado que me empapase para que mis lágrimas se mezclaran con ella y así no sepan tan saladas, tan a ti. He intentado fumarme un cigarrillo por cada momento de sonrisas a tu lado para ver si así, al igual que el humo, tus recuerdos se esfumaban. En cambio sólo conseguía consumirme, poco a poco, calada a calada, recuerdo... a recuerdo. Podría recorrerte la espalda con los dedos al igual que unos acordes de guitarra, vértebra por vértebra hasta llegar a tu nuca y susurrarte que no me dejes, que te quedes un rato más. O dos. O una vida. O doce, ya sabes. Llevo cincuenta y nueve noches soñando con tus pestañas. Con que me balanceaba al son de tus parpadeos y no tenía miedo de caerme, porque sabía que tu estarías ahí para salvarme. Me has curado a besos todas las cicatrices y yo ahora soy incapaz de demostrarte cuánto te agradezco que lo hayas hecho. Estoy segura de que no puedo cambiar el mundo, ni tan si quiera, cambiar mi mundo... Pero sé que puedo provocarte tal huracán en el pecho que arrase con todo lo malo y que cree un hueco para mi. Para quedarme a vivir dentro. Qué bonito sería el mundo, mi mundo, visto desde ahí. Con vistas a un día de lluvia y con un piano de fondo (*) que me dijera que la vida no sería lo mismo sin ti.