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XXVIII.

Esta vez te escribo con otro peso más sobre mis hombros. Como si no fuera poco el de tu corazón. Y eso que yo no soy tan fuerte como para cargar a las espaldas los corazones grandes. Pero eras tú, ¿y qué excepción no sería capaz de hacer por ti? ¿Eh? Dime. 
Hoy te escribo sin saber si quiera si lo vas a leer, cuando antes ya me encargaba yo de que no se borrara el nombre del remitente en el sobre de mi carta. 

Siempre pensé que al menos el tiempo estaría a mi favor y ahora resulta que es mi peor enemigo. Después de mi misma, claro. Y mejor no hablar de la distancia. 
Todo ha sido tan rápido que no me lo creo y me pellizco para ver si esto de verdad ha sido una jodida pesadilla de una noche que se ha alargado más de la cuenta y ha durado unos pocos días más de lo debido. 
Resulta que no y qué mierda ¿eh? Eso de despertarme y pensar que te pierdo, que te vas y que no habrá último beso porque lo último fue un 'Coge conmigo el tren y vente a Torre, por favor.' Ni adiós, ni pollas, sino un vente conmigo.

Te prometo que intenté ponerme en la situación de un día despertar y no saber nada más de ti, en serio que te lo prometo y no sabes el nudo que se creó en este corazón dónde antes creaste un huracán. Supongo que ahora estamos en el ojo de este huracán y por eso la situación está como está; etapas. 
¡Quiero que vuelvas a hacer tormentas en mi cabeza! Que se que odiaba que fueras tan complejo a veces y me costara entenderte y aunque pusiera empeño, tú te encerraras en tu caparazón, y sé que aún no me has dejado entrar. Justo cuando parecía que asomabas la cabeza, no sé, te asustaste, y todo a la mierda. Espero que algún día llegues a abrirme las puertas de par en par y me dejes entrar dentro de ti y ya de paso me quedo a vivir. Que el lado izquierdo de tu pecho debe de ser muy cómodo y prometo cuidarte muy bien el motor que te da vida. Que si te quedas sin vida, me quedo sin ti, sin mi y nos perdemos y menudo caos, ¿no crees? Yo que me pierdo sino me dejas ver por el mapa del desierto de tus ojos, pero vamos que si me pierdo y me encuentro justo entre el lóbulo de tu oreja y la clavícula, pues tampoco me importa mucho. 

No sé si creías que me iba a olvidar de este día, pero cómo olvidarlo sino para de pensar en ti, en mi y en nosotros y en todo y en nada y cuántas y


Te quiero.
Igual que antes.
¡Qué digo!
Incluso más que antes, 
mucho más.

Tanto 
que quiero que vuelvas, 
para poder demostrartelo... 

...otra vez más.



2 comentarios:

  1. Hermosa entrada. Qué lindas esas ganas de cuidar por siempre de alguien que amás.
    Estoy convencida de que aunque no sea el mejor momento, si están destinados a estar juntos, van a estarlo, aunque sea contra viento y marea...
    Y me parece bien que pelees por alguien que amás. Después de todo, el que no arriesga, no gana. Quizás ya arriesgaste mucho, pero vale la pena un poco más.
    Un abrazo grande, Nina! Nos leemos.

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  2. Nunca dejes de decirlo Marina, eso de que le quieres. Y si puedes, hazlo cada vez más fuerte (decirlo y quererle).
    Un abrazo muy fuerte guapísima.

    http://elchicodelmetro.blogspot.com.es/

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