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Sunset.

Sintió su presencia. ¿Y cómo lo podía saber? Simple. Notó como el viento soplaba para navegar por las olas de lo que un día fueron los cabellos de su esposa. Los pájaros enmudecieron al unísono y se hizo una paz celestial. Él solo era capaz de mirar al horizonte y ver aquel atardecer que nunca fue lo mismo sin ella. De repente, se oye un ruido semejante al de unos piececitos hacerse paso entre la hierba. Mike se giró y ció a su hija Lisa, tan guapa como solía serlo su madre. Parecía que el Sol se hubiese puesto en el perfecto ángulo para destacar los rasgos más bonitos de su delicada carita.
- ¿Papá? - dijo la niña insegura.
- Mi dulce niñita... ¿Has visto que espléndida puesta de Sol? - dijo él.
- Sí, realmente espectacular, papá - respondió.
- Ven aquí, quiero contarte una cosa.
Ella se dirigió hacia él con la pelota debajo del brazo, la cual no había soltado desde que llegó.
- Mi Lisa... Quiero confesarte que, sinceramente, no sé si estoy siendo el padre que debería de ser.
- Pero, papá... - intento decir.
- No, Lisa - le interrumpió -. Déjame hablar. Quiero que sepas que lo he hecho lo mejor que sé, que de los errores se aprende, que quise darte los mismos principios que tenía tu madre... Y es que, cuando te miro, Lisa... La veo a ella. Has tenido la suerte de conocerla aunque muchas veces maldigas al cáncer que nos la arrebató. Que yo también lo hago, no te juzgo. Pero gracias a eso, gracias al pasado, hoy en día somos así. Y con esto quiero decirte que cuando hagas las cosas mal y queden en el pasado... ¡que no tengas miedo! Es más, debes enfrentarte a ese miedo, vencerlo y aprender de tu pasado y de tus errores. Te lo digo por experiencia, cielo.
En ese momento Lisa y su padre se fundieron en un gran abrazo. Porque a veces esos abrazos que parece que te vayan a partir, lo único que hacen es unir los pedacitos de ti que andan sueltos.



3 comentarios:

  1. Que buen texto Nina.
    Me encantó visitarte.
    Cariños.

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  2. Joder, pero qué bonito.
    Un besito!

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  3. Qué texto precioso. La última frase realmente me tocó el alma, y no dudo en absoluto que sea ciertísima.
    ¡Un abrazo enorme, Nina!

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