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Nunca te diré adiós.

No sé como las cosas pueden complicarse tanto en tan poco tiempo. Tampoco sé como es posible que la vida sea tu peor enemiga y no pare de hacerte las peores putadas que podrían sucederte. No lo sé. No tengo ni puta idea. Estoy cansada de sentirme así, de ver como cuando una cosa puede salir mal, a mi me sale peor. Desde que se fue, no soy capaz de mirar su habitación vacía sin que me de un vuelco el corazón. Tan solo pensar en que respiro un aire que ya ella no respira, que vivo en un mundo por el cual ella ya no pasea torpemente, que miro un paisaje que sus ojos jamas podrán volver a ver... Y no puedo. El corazón se me hace un puño. Nunca me verá graduada, ni licenciada. Nunca podré hacerle un regalo ni bailar un chachachá con ella en el día de mi boda. Nunca podré decirle que mi hija tiene sus ojos...

Nunca le dije adiós. De los días en que su vida colgada de un hilo, nunca le dije adiós. Mi boca no podía pronunciarlo y mucho menos mi corazón aceptarlo. Era imposible que entre todas las personas  del mundo le tocara a ella. No podía consentir que se la llevaran. No puedo parar de pensar en esos últimos días. No puedo dejar de recordar como vi el miedo escrito en sus ojos, ni parar de escuchar como su respiración se aceleraba cuando sus tres nietos entraban por la puerta. No puedo parar de pensar en los kilos que mi madre perdió y en como envejeció 10 años por esta pérdida. No puedo evitar pensar en como de fría tenía la frente cuando le di un último beso, ni cómo temblaban y lloraban desconsoladamente mi padres cuando el ataúd entraba en la tumba. Ni el abrazo tan fuerte que mi hermana y yo nos dimos para sujetarnos la una a la otra.

Sigo sin entender como las cosas pueden ser tan complicadas... Pero escribir sobre ti abuela, siempre me hace un poco más fuerte. Supongo que por eso en este momento tan negro de mi vida, recurro a ti. Esto sigue sin ser una despedida, tranquila. Nunca te diré adiós. Añoro tus "ponte las zapatillas", tus "tienes que comer más" y tu risa contagiosa. Echo de menos como te brillaban los ojos cuando me mirabas y cuanto exagerabas las cosas buenas que hacía. 

Te quiero, abuela.
Siempre.