Páginas

Pete y Gia.

Doy vueltas por el piso de un lado al otro, recogiendo cada una de mis pertenencias. Los libros, la ropa,  las fotografías, pienso si coger también mi cepillo de dientes... A la mierda "lo cojo" -pienso-, ni el más mínimo rastro de mi quiero dejar. Tú estás sentado en el sillón que está al lado de la puerta de salida. Tienes los brazos apoyados en tus piernas para poder sostener la cabeza en tus manos curvando así un poco la espalda. No has abierto la boca. No has incrementado mi furia pero, en cambio, tampoco has hecho nada para evitar que cruce esa puerta. Tú y tu calma, supongo que por eso nos complementamos tan bien. Por eso y por más. Así que tras haber recogido todas mis cosas me dispongo a salir para no volver más. Cruzo el pasillo con paso firme y cojo el pomo de la puerta sin apenas mirarte... No tengo fuerzas. En el impulso de abrir, tu mano se interpone y cierras la puerta secamente.
- ¿Es lo que realmente quieres? - me preguntas sin levantar la mirada.
No sé que contestar. Se crea un silencio. Hemos hablado algunas veces de ello. De lo poco que lo valora la gente y lo importante que es en realidad. Interrumpiendo mis pensamientos, me miras. La sangre caliente sigue recorriendo todo mi cuerpo y no me deja pensar con claridad.
- Ya no sé que quiero.
Dejo caer la maleta al suelo. Al final consigo girar la cara y mirarte de vuelta. Vistes esos ojos tristes que hacía mucho que no veía.
- No sé que quiero, de verdad. A veces creo que es una vida contigo y otras veces saldría huyendo.
- Déjame huir contigo. Podríamos ir a París.
- Olvídalo. Estoy cansada de imaginar un futuro perfecto mientras pasan los días de mi presente hecho mierda.
- ¿Y eso es lo que realmente quieres? ¿Mandarlo todo a la mierda y olvidarnos como si aquí no hubiera pasado nada? Porque yo no puedo.
- ¿Crees que para mi es fácil todo esto?
- No lo sé, te he visto muy segura caminando hacia la puerta donde detrás se encuentra tu nueva vida.
- Joder... Ya estás otra vez con lo mismo. ¿Por qué no te das cuenta de que te quiero como nunca he querido a nadie?
- ¿Acaso yo no lo hago? Te lo he repetido mil veces... Parece que no me des la importancia que dices que me das.
- No sabes nada...
- Yo nunca sé nada, nunca.
- Me rindo, de verdad.
- ¿Te rindes? ¿Tan rápido? - suspiras y diriges la mirada al suelo. - Mira, antes de que te rindas, piensa que es la única vida que podremos compartir.
Lo peor de todo es que tienes razón. Se me encoge el corazón cada vez que intento imaginar mi vida sin ti. Voy hacia el espejo del pasillo, justo al lado donde estás sentado. Apoyo las manos en el mueble lleno de fotos nuestras y me miro fijamente a los ojos.
- No quiero que esto acabe.
- No tiene porque acabar.
Te levantas y te colocas detrás de mi. Intercambiamos miradas a través del espejo.
- Va, ¿qué quieres que te haga de cenar? - preguntas mientras me abrazas por la espalda.