Llevo más de cinco cigarros y aún no he encontrado las palabras exactas
para describir esa forma tan tuya de soltarte el pelo.
Llevo no sé cuántas noches gritándole tu nombre al viento
y el sólo me susurra que te debo olvidar.
Y cómo cojones se hace eso.
Sino conozco otra piel a la que poder llamar hogar.
Jamás dejarás de ser de esas mujeres
que nunca terminan de pasar.
Fui al bar de la esquina donde el dueño es un fiel amigo
le pedí ronda de quintos
y algún sitio en el cual poder llorar tranquilo.
A falta de Amor, siempre quedará Poesía.
20.7.15
10.7.15
Corazón de mimbre.
De mejor amiga una botella
vacía, como yo
arrastrando el culo por la acera
que justo lleva tu nombre.
Matamos flores entre tanto
me quiere, no me quiere
y olvidé quererme yo.
Iluso de mierda, fumandor express
sintiendo el eco de tu contoneo
paseándote cual puta diosa del Olimpo
por este piso indigno de ver tu pestañeo.
La enredadera echa sábanas
atrapados como adictos
a esa planta, marihuana.
Estúpido corazón de mimbre
testigo de mis miserias
que tiende a tener costumbre
a olvidarse de todas ellas.
Y volver a querer.
Volver a resquebrajarse
para después embriagarse de ron
hasta olvidarse de los daños
de lo que produce eso que algunos
llaman a m o r.
15.5.15
Nunca te diré adiós.
No sé como las cosas pueden complicarse tanto en tan poco tiempo. Tampoco sé como es posible que la vida sea tu peor enemiga y no pare de hacerte las peores putadas que podrían sucederte. No lo sé. No tengo ni puta idea. Estoy cansada de sentirme así, de ver como cuando una cosa puede salir mal, a mi me sale peor. Desde que se fue, no soy capaz de mirar su habitación vacía sin que me de un vuelco el corazón. Tan solo pensar en que respiro un aire que ya ella no respira, que vivo en un mundo por el cual ella ya no pasea torpemente, que miro un paisaje que sus ojos jamas podrán volver a ver... Y no puedo. El corazón se me hace un puño. Nunca me verá graduada, ni licenciada. Nunca podré hacerle un regalo ni bailar un chachachá con ella en el día de mi boda. Nunca podré decirle que mi hija tiene sus ojos...
Nunca le dije adiós. De los días en que su vida colgada de un hilo, nunca le dije adiós. Mi boca no podía pronunciarlo y mucho menos mi corazón aceptarlo. Era imposible que entre todas las personas del mundo le tocara a ella. No podía consentir que se la llevaran. No puedo parar de pensar en esos últimos días. No puedo dejar de recordar como vi el miedo escrito en sus ojos, ni parar de escuchar como su respiración se aceleraba cuando sus tres nietos entraban por la puerta. No puedo parar de pensar en los kilos que mi madre perdió y en como envejeció 10 años por esta pérdida. No puedo evitar pensar en como de fría tenía la frente cuando le di un último beso, ni cómo temblaban y lloraban desconsoladamente mi padres cuando el ataúd entraba en la tumba. Ni el abrazo tan fuerte que mi hermana y yo nos dimos para sujetarnos la una a la otra.
Sigo sin entender como las cosas pueden ser tan complicadas... Pero escribir sobre ti abuela, siempre me hace un poco más fuerte. Supongo que por eso en este momento tan negro de mi vida, recurro a ti. Esto sigue sin ser una despedida, tranquila. Nunca te diré adiós. Añoro tus "ponte las zapatillas", tus "tienes que comer más" y tu risa contagiosa. Echo de menos como te brillaban los ojos cuando me mirabas y cuanto exagerabas las cosas buenas que hacía.
Te quiero, abuela.
Siempre.
15.3.15
Eso que me miro a los ojos en el espejo y no paro de pensar
qué triste que ha sido mi vida de borracheras e idas
sin venidas con sonrisas de las manos que un día
me dieron de comer
y yo las mordí con tanta fuerza que empezaron a sangrar
y como suele pasar me comencé a arrepentir
en el mismo instante en el que vi vertida una gota
la gota que colma el vaso del llanto sin cesar
pena es lo que siento por los que nunca han sabido
lo que es sufrir de tanto querer que quieres doliendo,
y es lo que valgo por todos aquellos capullos
que dejé sin blanca en los moteles de las afueras
como consejo os digo que no os creáis nada sin tener pruebas antes
que a mi me ofrecieron el mismísimo paraíso
y no me avisaron de que la manzana me iba a llevar
derecha al mismo infierno que me convirtió en ceniza
y con todas mis fuerzas, soplé.
qué triste que ha sido mi vida de borracheras e idas
sin venidas con sonrisas de las manos que un día
me dieron de comer
y yo las mordí con tanta fuerza que empezaron a sangrar
y como suele pasar me comencé a arrepentir
en el mismo instante en el que vi vertida una gota
la gota que colma el vaso del llanto sin cesar
pena es lo que siento por los que nunca han sabido
lo que es sufrir de tanto querer que quieres doliendo,
y es lo que valgo por todos aquellos capullos
que dejé sin blanca en los moteles de las afueras
como consejo os digo que no os creáis nada sin tener pruebas antes
que a mi me ofrecieron el mismísimo paraíso
y no me avisaron de que la manzana me iba a llevar
derecha al mismo infierno que me convirtió en ceniza
y con todas mis fuerzas, soplé.
14.12.14
Conseguenze di una dolce vita.
Muchas personas dicen que para seguir adelante hay que dejar atrás los recuerdos.
En cambio, yo, gracias a ellos sigo hoy en día aquí.
Con 78 años a la espalda y tengo la piel más arrugada que cuando en 1941 pasé toda la tarde en aquella piscina de la tía con los primos. Los párpados me pesan cada día más, las rodillas las tengo echas polvo y ya ni te cuento del cansancio que me produce ir de casa a la esquina para comprar el pan.
Soy el desecho de lo que un día fue una niña repipi y caprichosa, una muchacha espectacular y una mujer de pies a cabeza.
Cuando cumplí los 4, mi madre empezó a enseñarme a leer. Tenía el deseo de verme intentando pronunciar la "p" y observar todos mis esfuerzos para demostrarle que podía hacer la "m" con la boca abierta. Con apenas 7 añitos escribí el poema más bonito de la primavera y la profesora me hizo una corona de flores gigante. Para que luego digan que las buenas personas no existen.
A los 9 empecé a ser toda una revolucionaria ya que me negué a hacer la comunión. Toda mi familia estaba tan decepcionada que me preparé un bastante elaborado discurso en el cual explicaba que no entendía porqué el Papa de Roma llevaba una medalla de 300.000 euros y quería fomentar una religión en la que compartir era una de las bases fundamentales. A tan corta edad ya pensaba que la iglesia era una completa antítesis, y es que somos expertos en contradecirnos.
A los 11 pasé al instituto y en esa época tan solo puedo contar que los daños me calaron hasta lo más profundo de los huesos. Aunque gracias a ellos fui la mujer que fui, soy la mujer que soy. Algo que podría destacar es que aprendí a tocar el piano como si fuesen unas delicadas costillas.
A los 16 y 4 meses, conocí a Marco. Un italiano que venía de intercambio y mentiría si dijese que no fue el amor de mi vida. Que sí, que me casé con tu abuelo y lo quise con todo mi ser hasta su muerte... Pero aquello fue inigualable. También fue lo que me destruyó, qué le vamos a hacer. Como cualquier chico de intercambio, tuvo que volver. Se fue. Nunca más lo vi. Y es que, sigue siendo tan difícil decir adiós... aunque hayan pasado tantos años. Sé perfectamente la sensación que se tiene cuando ves como te extirpan algo que ya forma parte de ti, como separan tu piel de su piel.
Soy consciente de que te será raro, pero en aquella época era yo quien llevaba la falda más corta. Empecé a fumar, no como todos... a caladas lentas, suaves, disfrutándolo. Yo fumaba rápido, siempre que podía. Yo quería consumirme. Y cuanto antes mejor.
Como te he dicho tengo 78 años, y cáncer de pulmón.
Por favor, si puede ser, no cometas el mismo error que yo.
2.11.14
Mémories d'un suicide
Quizá no sea tiempo de hablar de nuestras promesas. Quizá no tengamos razón por la cual luchar. Yo, por ejemplo, ya no la tengo. Ya no me sirves tú, ni tu sonrisa, ni las tonterías que me decías para hacerme reír, ni si quiera la Navidad, que ya sabes que me encanta. Tampoco me sirve el vivir. Lucho para vivir feliz; pensaba. Pero es que ahora el simple vivir me duele. Son como pequeños cristales que se me clavan. Demasiadas cicatrices para tan poca piel. Ya no me sirve el quererte. ¿Para qué quererte? ¿Para que tu también me duelas? Yo no quiero a medias, ya lo sabes. Yo si quiero lo hago en cuerpo, alma y con los cinco sentidos. Quiero hasta que duela. Y aún doliendo, a veces, sigo queriendo. No conozco los límites hasta que estos mismos me tiran al suelo y me impiden querer. Si quiero más, muero. Y no te creas, que yo daría la vida por tí, pero ¿en serio crees merecer esto? Otra ya te habría dado puerta. Quizá sea hora de pasar página. O directamente, cambiar de libro. No quiero que haya ninguna posibilidad de que tu personaje, por cosa del destino, vuelva a escribirse en cualquier otro capítulo de mi vida; la misma que tu me destrozas día a día. Ya estoy harta de que cada vez que aparezcas por cualquier esquina, las lágrimas lo hagan también. Y con ellas recuerdos muertos, sueños perdidos y esa promesa rota tan amarga, que roza mi paladar todos y cada uno de mis días. No creas que es fácil hacerme a la idea que no volverás. Que por mucho que te escriba, que te piense, que te eche de menos, que te llore; no volverás. Aun que esto me duela y me cueste de reconocer; ya sé que no volverás. Que no habrá nunca más un nosotros, ya ni si quiera un tú y yo. Ni cualquier cosa que nos una. No sé vivir sin tí, pero ya aprendí a vivir sin tu amor. Todo algún día se aprende y yo, aprenderé a vivir sin tu presencia. Y con el tiempo me dejarás de doler. El tiempo todo lo cura pero las cicatrices siempre permanecen y no quiero que vuelvas, una vez que hayas desaparecido, para volverla a abrir y hurgar otra vez en la herida. No, eso no. Eso sería morir aún estando viva.
....................
Cuando remueves los recuerdos que aún están perdidos por dentro de tu corazón, te das cuenta de que aún no has olvidado. Te das cuenta, de que él aún sigue presente. Pero ya es casi transparente; ahora esta difuminado. Poco a poco, se irá borrando. Se irá borrando como aquel corazón mal pintado con nuestros nombres dentro. Ya prácticamente, no me duele-s.
19.9.14
Inerte.
Me siento en pleno otoño. Las hojas de los árboles en tonalidades tierra caen al suelo mientras personas de todas las edades las rompen sin piedad a su paso. Pueden estar dirigiéndose al trabajo, a la escuela, a cualquier estación de tren, a la cafetería de la esquina. Llega otoño, y menos mal. Suerte de otoño. Otoño es mi estación. ¿Qué se siente en otoño? Absolutamente nada. En verano solemos estar felices, con ganas de pasárnoslo bien, trasnochar y hacer cosas inolvidables. (Mentira, seguramente olvides la mayoría de ellas y solo te quedes con las de verdad. Y suerte de eso también.) En primavera adoras ver las flores crecer, pasar por las calles y que te invada el olor; es pura ilusión. En invierno sientes el frío en cada parte de tu columna vertebral hasta que de un escalofrío se te sube al cuello y te pide urgentemente una manta, un café y esos gorros tan calentitos de lana. En otoño las cosas mueren poco a poco, y punto. Las flores se van marchitando, los amigos de verano se van perdiendo, y ya ni el frío es frío ni el calor es calor.
En ocasiones he tenido tantos sentimientos que no he podido ordenarlos, escogerlos por separado y plasmarlos. Ahora no tengo ninguno. Y es tan jodido. Es como que... Estoy en punto muerto. Estoy como barco a la deriva que no le dan permiso ni para navegar en alta mar ni para anclarse en el puerto. Qué putada. Cuando no sabes porqué hacer lo que haces, cuando no sabes porqué vives. Solo sabes que no tienes cojones para abandonar este mundo, ni si quiera piensas en el suicidio, es algo... raro. Siento que todos los días son iguales. No hay diferente entre unos u otros. Siento que tengo que esperar y esa espera me ahoga y nunca se acaba, parece eterna. Espero que dentro de algún tiempo dejen de ponerme la miel en los labios, me dan alas pero no me las dejan utilizar a mi antojo. Y si ahora mismo me dijeran que me muero mañana, te aseguro que me sentiría como si no hubiera vivido nada estos últimos años.
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